Tras el pronunciamiento liberal de 1820 comienza una nueva era de constitucionalismo en España, jurando Fernando VII a regañadiente la constitución de 1811.
Mientras tanto las potencias extranjeras ganadoras tras la guerras napoleónicas negociaron un nuevo orden internacional, donde vieron la necesidad de apoyarse entre sí ante el peligro que suponía el liberalismo, creando para ello la Santa Alianza.
En 1823 Fernando VII solicitó su ayuda para restablecer el absolutismo y en su apoyo se envió a los Cien mil hijos de San Luis, un gran y curtido ejercito francés dispuesto a ello.
Comenzó así una cruenta guerra entre los liberalistas partidarios de la constitución y los realistas partidarios del absolutismo.
Los Cien Mil hijos de San Luis entraron en España apoyando a los realistas, oponiendo fuerte resistencia los liberales, pero conforme avanzaba el conflicto éstos últimos iban perdiendo posiciones y se fueron replegando hasta Cádiz, con el rey como rehén. Cádiz era una ciudad emblemática pues durante la guerra de la independencia fue la única que no fue conquistada por Napoleón.
Los Cien Mil hijos de San Luis
Antes de que la ciudad de Valencia cayera en manos del ejercito francés su Milicia Nacional la abandonó con la consigna de defender Alicante, que era otra de las emblemáticas ciudades de liberalismo, quizás por su intensa vida comercial, al contrario que el resto de poblaciones de la provincia mas decantadas por la causa realista.
Pasaban los meses y el devenir de la guerra seguía sin ser favorable a los constitucionalistas y a mediados de julio de 1823 los realistas posicionados en Elche intentan crean un bloqueo sobre Alicante. No dudan en registrar todas las casas de campo de las partidas de Torrellano y El Altet, tomando todas las armas que allí se encontraban y prohibiendo a sus vecinos que entregasen o vendieran todo tipo de víveres a los sitiados, con la amenaza de las penas mas severas. Para dejar clara su intención varias partidas de soldados realistas recorrían regularmente dichas partidas imponiendo el miedo y el robo, como recogió la prensa “los facciosos robaron el 15 otro ganado en el partido llamado El Altet” o como el 17 “en santa pola han robado a un labrador y arruinado su casa, llevándosele un ganado y las mulas de labranza”.
Ese mismo día 17 se informa de que en el ventorrillo de Torrellano se despliegan a 12 lanceros realistas, y como ya se encuentran 600 soldados en Elche.
La táctica de ambos contendientes era sencilla: rápidas salidas militares para hostigar al enemigo y vuelta a posiciones seguras. Aquello comenzó a parecer una correría de tropas entre Alicante y el resto de villas que la rodeaban en un tanteo de fuerzas.
Eso es lo que ocurrió el día 19 de julio, de Alicante salió una columna compuesta por 200 infantes y 12 caballos y se situó en lo alto del Portichol. La caballería bajó hasta el ventorrillo de Torrellano para hacer un reconocimiento pero al llegar hasta él fuero atacados por 16 lanceros realistas. Sorprendida la caballería por el ataque intentó subir hasta lo alto de la sierra, momento que se produjo una escaramuza. La infantería hizo fuego contra los lanceros matando a un caballo, siendo herido su jinete. Un jinete de la caballería liberal, al replegarse precipitadamente, cayó al suelo y fue hecho prisionero.
Al día siguiente volvió a ver otra correría. Unas partidas de absolutistas llegan hasta el Barranco de las Ovejas, pero al salirle al paso las tropas del coronel Antonio Fernández de Bazán “se replegan los facciosos hacia el Portichuelo, donde una columna de infantería y caballería de ellos ocupaban las alturas sin esperar la batalla”. Una columna más sale de Alicante al mando de su gobernador Irribarren y al verlos los franceses se retiran siendo perseguidos hasta el aljibe de la legua. Finalmente los liberales optan por volver a la capital al no buscar batalla los absolutistas. Por la tarde de ese mismo día “volvieron los enemigos a situar una gran guardia en el Portichuelo”.
A principios de agosto llegan a Alicante por tierra la Milicia de Valencia, provenientes de Cartagena, escoltada por mar por siete faluchos y una polacra, al mando del intrépido y joven Joaquín de Pablo y Antón, alias “Chapalangarra”, nombrando comandante general de la provincia.
Los ataques, contraataques y repliegues no cesaban por ambos contendientes. Pero el día 16 de septiembre de 1823 se dio un importante golpe. De la villa de Elche salió la tropa francesa en una maniobra táctica dejando en la villa tropa realista nacional. Es el momento que aprovecha el comandante general De Pablos para enviar una columna compuesta por 2.500 infantes y 100 caballos. Entró en Elche por el camino de la ermita de San Antón y allí es cuando comienzan a enfrentarse a los realistas con dureza, incluso con atraques a la bayoneta, y al frente Chapalangarra con el grito de “!viva la constitución!”. Continuaron su entrada al pueblo donde eran atacados desde los tejados y ventanas de las casas, dejando atrás muertos en las calles logrando llegar al puente que une las dos orillas del rio y que es el camino de Orihuela a Valencia. Les fue imposible cruzarlo pues eran constantemente atacados por la artillería que disparaba a metralla, así que se decidió que un batallón cruzara el Vinalopó por la izquierda y ocupara el Arrabal.
Chapalangarra
Una vez tomada la barriada los realistas abandonaron la artillería que impedía el paso por el puente, ocasión que aprovechó Chapalangarra para lanzar su caballería y “la dispersión se hizo entonces general, huyendo cobardemente, arrojando, para correr más, fusiles y cartucheras, y salvandose en la sierra”.
La perdida del enemigo fue de 60 muertos, pero el verdadero golpe fue el psicológico pues con el ataque se tomó por poco tiempo Elche, permitiendo a los liberales que se apoderasen de alimentos y material militar.
Se organizó un convoy de regreso a Alicante compuesto de 50 prisioneros, varias piezas de artillería, con sus tiros y municiones, 68 carros de trigo, 50 piezas de paño, 600 pantalones cortados, 100 fusiles, sables y cartucheras. A su entrada se escribió la siguiente crónica: “!Honor y gloria á las valientes tropas y gefes, que han sabido en quince horas, andar diez leguas pelear y triunfar!. Los libres son capaces de tanta heroicidad: para los esclavos solo hay afrenta y vilipendio”.
Sin embargo el devenir de la guerra fue demoledor para los constitucionalistas. Se fueron perdiendo importantes posiciones y finalmente se rindió la emblemática Cádiz, siendo liberado Fernando VII por los franceses el 1 de octubre.
A Alicante no le quedó mas remedio que capitular ante el comandante Vicent Foullon de Doué, y la Milicia Valenciana fue de “los últimos que en cumplimiento de nuestro juramento batallábamos en España”.
Chapalangarra huyó por mar a Gibraltar donde siguió su intensa actividad política y militar lo que le costó finalmente la vida en 1830 al entrar en España por Navarra para preparar un intento de sublevación.
Los milicianos se desarmaron y regresaron a sus hogares en Valencia, escoltados por el Regimiento número 4 francés, se les garantizó su condición de militares y un pasaporte, pero fueron represaliados y su bandera coronela fue condenada al destierro en la isla de Tabarca. Finalmente pudieron “abrazar á los padres, esposas é hijos” y1834 fue entregada de nuevo la bandera a la valiente Milicia Valenciana.
Las ironías del destino llevaron a que Fernando VII no tuviera hijos varones y promulgara la Ley Sálica. Ello permitió reinar a su hija en perjuicio de su hermano, el infante don Carlos. Tras la muerte del monarca su esposa María Cristina se apoyó en los liberales para poder asegurar el trono de la futura Isabel II y esto dio un giro histórico a España, asegurando una monarquía constitucional y el fin definitivo del absolutismo.
Cuando mi abuelo Juan Agulló era niño, su abuelo le contaba una terrible y sobrecogedora historia sobre un hombre enfermo que, viajando por el camino viejo de Alicante a Elche, murió en el trayecto, muy cerca de la casa de los peones camineros de Torrellano. Contaba cómo tuvieron que cavar apresuradamente un gran hoyo bajo un algarrobo que estaba junto al camino, para poder enterrarlo allí, sin conocer si quiera su nombre.
Durante el siglo XIX Alicante y Elche sufrieron varias devastadoras epidemias, pero la peor de todas ellas fue la fiebre amarilla, mas conocida como vómito negro. Ésta era una exótica enfermedad proveniente del trópico, desconocida hasta la fecha en España, no sabiendo los médicos como enfrentarse a ella.
La enfermedad la transmitía un mosquito y sus síntomas eran en un primer momento nauseas, cefalea y fiebre muy alta, pasando a la fase tóxica con ictericia, vómito de sangre coagulada, fallo renal o hepático, coma y muerte.
Cuando se declaraba la enfermedad las autoridades impotentes sólo podían tomar dos medidas: la primera que se creara un estricto cordón sanitario donde ni la población ni las mercancías pudieran salir de la ciudad y así evitar que la enfermedad se propagara a otros pueblos, y la segunda encomendarse a Dios.
"Episodio de Fiebre Amarilla" - Juan Manuel Blanes
En julio de 1804, en Alicante, se declaró la enfermedad. Inmediatamente el gobierno de Godoy ordenó un fuerte cordón sanitario a la ciudad encomendando tal misión al mariscal Pedro Buck y O´Donell al mando del regimiento América, quien puso su puesto de mando en Elche. Cerró la ciudad a cal y canto delimitando el municipio clavando estacas unidas por cuerdas y construyendo unas barracas equidistantes donde se desplegaron los soldados. Nadie ni nada podía salir de la ciudad sin la vigilancia oportuna, incluso las cartas del gobernador de Alicante, José Betegón, dirigidas al responsable del cordón, eran desinfectadas.
Las consecuencias de estar cerrada la ciudad eran terribles, aquello pasaba a ser un campo de confinamiento, toda actividad económica se paralizaba, no había dinero, no entraba comida, sólo cabía esperar a que los enfermos tuvieran que morir y cuando dejaran de hacerlo esperar una larga cuarentena. Algunos morían simplemente de hambre.
La entrada de vivieres se producía a través de tres únicos mercados autorizados donde vecinos y feriantes acudían para comerciar, siendo el mas problemático de todos ellos el situado en el Portichol de Torrellano. Allí acudían gran cantidad de comerciantes y labradores de la zona que con sus paradas, carros, galeras, mercancías, mulas y asnos atados a los algarrobos formaban un caótico campamento, y por el lado alicantino acudían los enfermos y famélicos compradores. Entre medio los militares que guardaban el cordón sanitario “de modo que los vendedores y compradores no tengan roce y haciéndose pasar por vinagre el dinero”.
También acudían multitud de curiosos “porque por aquí son de tal especie que si se les dejara, todos irían a ver los contagiados” “los tengo por unos barbaros y protectores de todos los males” expresaba el mariscal en su correspondencia.
Los comerciantes, aprovechándose de las grandes necesidades de los alicantinos, solían estafarlos, lo que provocaba gritos e insultos mutuos. Se dió el caso de que un alicantino cansado de las tretas de los labradores se abalanzó sobre un vendedor de granadas con el que consiguió tener contacto físico diciéndole:“ahora seremos iguales”.
En ocasiones los pobres hambrientos se abalanzaban sobre los puestos de comida lo que provocaba graves disturbios que los soldados no dudaban en poner cruelmente en orden a base de culatazos de fusil. Algunos vecinos lograban escapar, como José García, quien fue encontrado por los húsares del Numancia a media legua de Elche, “pasándolo por las armas” por “desertor del lazareto”.
Los militares vivían en el lado alicantino y pasaban parecidas penurias que ellos “los soldados del cordón inmediato a la costa carecen de pan y de todo sustento” y pedían ayuda a los ilicitanos pues “no se les puede enviar cosa alguna” desde Alicante. Esto provocó alguna deserción y también que cometieran excesos de toda índole “tengo cada día quejas del Sargento de América en el Portichuelo, que de nada hace caso y permite que vayan a la inmediación de los guardas del mercado caballerías, coches y mujeres con quien se divierte” “allí crea V.S. que se necesita un hombre de bigotes”, escribió el curtido militar. Para colmo del caos la tropa no conocía la lengua de los vecinos –el valenciano-, lo que provocaba problemas de comunicación, por lo que finalmente se decidió poner al mando del Portichuelo un hombre de plena confianza de Buck y “sabedor de la lengua del país”.
Alas 9 de la mañana del 25 de enero de 1805 se reunieron en la casa de Vicente Llacer, situada muy cerca del Portichol, Pedro Buck y el gobernador de Alicante donde se trató el modo que al día siguiente debía de abrirse la ciudad, el puerto y la fábrica de cigarros.
En el verano de 1811 la fiebre amarilla atacó Elche. Dejando de lado el mosquito que contagia la enfermedad, la culpable de todo aquel horror fue la ignorancia, pero no la del desconocimiento, otra peor, la de pensar saber mas que los sabios.
Cuando todo comenzó se tenía conocimiento de que la enfermedad estaba causando estragos en Cartagena, por ello todas las poblaciones tomaron medidas como la de no dejar entrar al que procediera de dicho lugar. Un regimiento de catalanes procedente de aquella ciudad llegó a Elche y solicitó su entrada, pero conociendo su procedencia fue denegada, y el regimiento continuó su marcha hacia Alicante donde tambien se le negó la entrada. Los soldados volvieron sobre sus pasos y solicitaron de nuevo a las autoridades ilicitanas su entrada, algunos se negaron en rotundo como el doctor Vicente Mira, pero los militares finalmente les convencieron para que les dejaran pernoctar, sin saber la desgracia que iban a producir. A los tres días cayó enfermo un oficial y un soldado, el primero murió en la casa de quien le alojaba y el segundo en el hospital, posteriormente los moradores de las casas donde se alojaron cayeron enfermos, a lo que llamaron al médico Diego Navarro quien diagnosticó: fiebre amarilla y de la "refinada".
Se acercaban las fiestas de agosto y la Junta de Sanidad no se atrevía a tomar serias medidas para atajar el problema y que llevarían consigo el consiguiente cordón sanitario, pero el doctor Navarro insistió en que se suspendieran las fiestas por el peligro que existía de propagación de la enfermedad. No le prestaron la atención debida, e incluso se vio obligado a correr por las calles para poder zafarse de un enfurecido gentío que, por su propuesta de suspensión de las fiestas, estaba muy dispuesto a darle una paliza por ello.
Finalmente se celebraron las fiestas de la Asunción y mucha gente de fuera acudió a verla, llegaron alicantinos, pero al terminar la función y al regresar a su ciudad se encontraron con que sus convecinos les habían cerraron las murallas y no les dejaron entrar por venir de Elche.
Las autoridades organizaron precipitadamente una serie de lazaretos y hospitales para atender a los enfermos. Se ordenó que en todas las casas que hubieran enfermos se pusieran guardias, pero como éstos eran gentes muy pobres comían en las mismas casas de los enfermos, se contagiaban igualmente de la enfermedad. Se impuso la pena de muerte a quien ocultase a un enfermo o no diera parte de ello. Morían diariamente doscientas personas, llegando a días de cuatrocientas.
Por las mañanas el responsable de los enterradores recibía el parte diario de fallecidos y marcaba la ruta a seguir por la villa. Iban con tres carros presentándose en las casas y cuando tenían el carro lleno de cadáveres los llevaban a un solar cerca del pueblo, pues el antiguo cementerio estaba lleno. Al llegar descargaban los difuntos y los enterraban en unas zanjas destinadas al efecto. Con el paso del tiempo ese solar se convirtió en el que hoy conocemos como el cementerio viejo de Elche. Los sepultureros no daban abasto así que se decidió liberar 38 presos de la cárcel para que se encargaran de ese trabajo.
Cada día habían mas muertos, todos los médicos de la villa murieron así que enviaron de Valencia seis doctores. Todos ellos murieron. Se volvieron a enviar otros ocho médicos de la misma ciudad y de estos sólo sobrevivieron tres. De los treinta y ocho presos liberados sólo quedaron dos vivos. También fallecieron dieciséis sacerdotes, seis sacristanes, diecisiete frailes, cinco monjas, cinco individuos del Ayuntamiento, ocho alguaciles y doce caballeros y abogados. El que llevaba el registro de fallecidos cayó enfermo así que se nombraron dos nuevos, uno de los cuales no sabía ni leer ni escribir por lo que cuando le tocaba su turno hacía una raya en el libro registro para saber el número de fallecidos, de tal forma que mucha gente murió sin que quedara constancia de sus nombres y muchas familias enteras perecieron sin que nadie diera parte de ello, "escenas horrorosas se veían por todas partes".
Ya nadie murió el día 27 de noviembre de 1811, asi que se impuso cuarentena al pueblo y unos días antes de que finalizase se mando que por la noche paseasen por las calles Elche los ganados de su término y se fumigaran todas las casas e iglesias, "es tanta la miseria que no puede verse sin dolor la multitud de huérfanos que hay por las calles pidiendo limosna para no perecer de hambre, sin encontrarse quien pueda socorrerles" no habiendo dinero para poder "cerrar de pared el territorio donde se han sepultado los contagiados, acabar de cubrir sus zanjas, blanquear el cuartel, emplomar las sepulturas donde se han enterrado con contagiados y otros objetos de sanidad, y nada de ello se ha podido realizar hasta ahora por falta de fondos, por haberse consumido en los gastos del contagio todos los públicos y privados, y lo que es más, no hay trigo alguno en este pueblo y su término; ni arroz, bacalao ni demás especies de primera necesidad, ni se puede pasar a otros términos a buscarles por la circunstancia de estar aún acordonados". Se calculó que murieron once mil personas quedando reducida la población a menos de la mitad, la mayor mortandad que se recuerda en la historia de Elche.
Todo lo explicado nos da una clara idea de que una serie de malas decisiones y de despropósitos llevaron al desastre pues si al comienzo se hubieran tomado estrictas medidas, quizás, se hubieran salvado muchas vidas.
Varias décadas después, en 1870, Alicante volvió a ser azotada por la misma enfermedad. Afortunadamente los tiempos habían cambiado y la medicina había evolucionado.
En Elche hubo miedo a que la enfermedad atacara de nuevo al término municipal y al haber aprendido la dura lección del pasado se pudo evitar cometer los mismos errores. Así que en junta extraordinaria de fecha 10 de octubre de 1870, se tomaron una serie de medidas para evitar la enfermedad ordenando instalar un Lazareto lo mas alejado posible de Elche, concretamente en Torrellano.
Muchas familias huirían para escapar de la epidemia encaminándose por diversos caminos. Los que tomaron dirección a Elche, al cruzar el Portichol, se encontrarían con el Lazareto habilitado al efecto que era "un centro de precaución y vigilancia para impedir que se internen en esta villa las proredemias de Alicante ó de otro punto infectado sin haber sufrido antes los cinco días de rigurosa observación en el Lazareto" y no un inhumano “cordón sanitario como erróneamente se pretende”.
Para obligar a los refugiados a permanecer confinados en dicho lugar se nombraron varios vigilantes que tenían la obligación de aplicar las medidas tomadas por la Junta de Sanidad"con mas rigor si es posible". El problema es que hubo quejas por el celo de dichos vigilantes, incluso se dijo que "algun individuo de dicha vigilancia se ha ejercido alguna coacción o atropello" rogándose "proceder a averiguarlo, á fin de que se le imponga el oportuno correctivo". Pero las autoridades seguían temiendo que se colara la enfermedad por otro camino distinto al nombrado, tomando la decisión de "que se cubra con seis hombres el punto ó camino de las Vallongas por donde es facil se introduzcan personas ó familias sin la previa observación conveniente". Parece que hubo resultado y en esta ocasión Elche no se contagió.
Desconozco si aquella historia contada a mi abuelo tuvo algo que ver con alguna de las muchas epidemias que azotaron la zona durante el siglo XIX, pero pienso que, en ocasiones, las viejas narraciones que han pasado oralmente de generación en generación tienen, en el fondo, algo de cierto y merece la pena indagar en ellas para, en su caso, descubrir los motivos, las consecuencias o incluso la identidad misma de aquel pobre hombre que un día fue enterrado y abandonado en el olvido.
Vaig a contar-los la veritable història d'un senzill pastor, Gregorio Piñol, que vivint tranquil·la i afablement amb la seua aguerrida esposa, en un apartat lloc, molt lluny de viles i ciutats, es va trobar de cop i volta embolicat en un assumpte d'estat, en una guerra territorial sense caserna. Es lliurava per un tros de terra cridada el Fondo dels Piñols que en aquella època tenia una gran importància econòmica.
Sospite que el matrimoni Piñol Almela mai en la seua vida va veure i va rebre en la seua humil casa a tanta gent i de tan alt rang polític, judicial i militar com aquells dies del ressec 1.773, sent la causa de tan enorme avalot una enorme pedra.
Per a entendre els successos cal remuntar-se diversos segles arrere quan entre Elx i Alacant va haver multitud de disputes territorials per unes terres frontereres entre ambdós termes, concretament la línia que va des del mar, passant pel Portitxol, la serra Sancho, la Partida de Santa Ana, la Partida de la Torrosella, arribant al Rebolledo. Es van succeir en el temps una sèrie de plets per la possessió de la zona, i encara que no l'hi creen en aquells temps existien en ella extenses pastures, creuant-les una sèrie de cañades i bugades per on passaven grans ramats.
El lloc era important per dos motius, pels impostos que es cobraven per elles i sobretot per que el posseir el lloc donava dret sobre els ramats que pastaben, i això significava una abundància o una manca de carn, el que incidia en el seu preu. Un preu molt alt podia suposar fam per a aqueix municipi, especialment en èpoques de sequera.
Ja a mitjan segle XVII, Antoni Ferrer, Sindique Procurador d'Alacant, manifestava que "la major part dels mollons que dividixen los referits termens estiguen derruits y altres tan arroinats" que han producido "moltes discordies de molt mala consequencia entre uns y altres vehins y habitadors y cada día es troben en ocasions de experimentar-se grans inconvenients". El cas és que els alacantins arrancaven freqüentment les fites per a aprofitar les terres que havien a l'altre costat de la línia divisòria creant una gran confusió sobre la veritable línia i els drets de pastura sobre la zona, considerant-se que la superfície sostreta era al voltant de dues llegües per tres quarts de llegua, justament els millors pasturatges.
En diverses ocasions es va intentar demarcar definitivament el territori però no va haver resultat, iniciant-se un procés judicial en 1772 per a resoldre definitivament el tema. L'assumpte estava tan aferrissat que fins i tot el rei Carlos III va haver de manar que la comissió executòria que devia decidir sobre el terreny el traçat de la línia divisòria no podia residir ni a Elx ni a Alacant, sinó que en una població independent, tot això per a evitar suspicàcies, corrupteles o pressions als comissionats. A l'any següent ja s'havia resolt però la sentència no va agradar a ningú pel que va ser apel·lada per ambdues parts.
És així com arribem al dia 11 de març de 1773, entre les 11 i les 12 del matí, en una lloma confrontant a la cañada de Gregorio Piñol, on es van presentar diverses galeres arrosegades per mules i en una d'elles portaven una enorme pedra. Sobre elles venien cinc homes, el cap semblava que era un picapedrer cridat Chapuli acompanyat per un oficial cridat el Majo. Es van presentar a casa d'Isidro i Vicente Pérez i els van preguntar a aquests on devien posar la pedra que seria la nova fita dels dos municipis, al que van respondre que no ho sabien i que li preguntaren a Gregorio Piñol. Van manar cercar al tal Piñol qui poc temps després va arribar juntament amb la seua esposa, Antonia Almela. A aquest li van preguntar on havia estat dies abans el Jutge per a posar la fita. Sorprenentment per a tots la sra. Almela, a qui no li havien preguntat i pel que es veu dona de molt caràcter, els va respondre enèrgicament que la pedra no l'havien de posar allí, que on devien fer-lo era en la Serra del Sancho on ha estat i estava la vella fita. Estupefactes amb la contestació de la dona novament van tornar a formular-li la pregunta a l'espòs. Aquest els va indicar el lloc, però els va advertir que els d'Elx no havien consentit que es posara allí. Els cinc alacantins van decidir posar precisament allí la nova fita. Per a això van pujar la galera pel pas del Bou, i lloma dalt van arribar al lloc indicat, van obrir un clot i van fixar en ell "un mojón de piedra de bastante altura y divisa", seguidament es van retirar a la casa dels Pérez, on van anar a cercar dos cabassos de mortera i dos cantaros plens d'aigua que els van carregar en un ruc, prevenint Chapulí que mentre tornaven es feren coques i gaspatxos per a menjar tot el grup. Faena feta.
La notícia de l'aparició de la fita va córrer com la pólvora causant gran estupor entre les autoritats il·licitanes, doncs entenien que "ni en la sentencia del Comisionado, ay prevencion para que se ponga mojón en la lomas del Portichuelo, frente la Hazienda de Piñol, ni en el señalamiento de hizo el Juez en días pasados lo indicó tampoco" a més entenien que com ambdues parts havien apel·lat la sentència aquesta no devia executar-se fins a una nova resolució en una instància superior. Igualment entenien que l'actitud d'Alacant "evidencia el atentado que se ha cometido" al "haver puesto y fixado clandestinamente un mojón en citio no destinado, ni prevenido en la sentencia" "sin providencia del Señor Juez Comisionado" i per això "dan cuenta al Tribunal de la Superioridad correspondiente y castigo a los culpables", "se proceda a la averiguación de los expresados sucesos examinando y resibiendo los testigos Gregorio Piñol, y demás que sepan y tengan noticia de la operación" i "hagan las preguntas y repreguntas convenientes a clarificar la verdad de los autores".
Ràpidament es van adoptar les mesures necessàries per a contraatacar. Entre les 8 i les 9 del matí de l'endemà, dia 12, va eixir d'Elx una il·lustre i impetuosa comitiva composta per l'Alcalde major i ordinari, tropa militar, alguacils i escribans, i es van dirigir a la Torrosella, on van arribar a les 11 del matí. Després d'examinar el territori i per al seu alleugeriment no van trobar fita alguna, però si que havien "dos fitas pequeñas fixadas en terreno de la Cañada de Pavia que salían sobre la superficie de la tierra poco menos de un palmo, sin estar fixadas con ningun genero de material", però això no suposava cap perill doncs van entendre que eren simples senyals. La comitiva va continuar fins al caseriu de Gregorio Piñol, on van veure amb els seus propis ulls la nova fita, això si que els va indignar però fins a la medul·la.
Van prendre declaració als testimonis, el primer, Gregorio Piñol, de seixanta anys d'edat, qui va jurar ""por Díos nuestro Señor y una señal de la Cruz" que "cinco hombres que estavan poniendo un mojón, enfrente de la misma Cañada, y citio donde jamas lo ha havido, ni conosido, siendo assi que en este paraje ha nacido, se ha criado, en compañia de sus padres", a més li van preguntar una infinita de coses i finalment "no firmó por que dijo no saber, lo que hicieron sus mercedes". En tot el procés van atestar altres veïns com Gregorio Piñol Almela (fill de l'anterior), Antonio Niñoles de Ferran, Joseph Graner de Borreguero, Juan Bautista Javaloies i Francisco Maciá de Garch, qui van patir l'exhaustiu interrogatori de rigor.
Es va requerir l'assistència d'un mestre picapedrer, Joseph Vidre, i d'un mestre albañil, Juan Martínez, qui com perits experts devien testimoniar detalladament com era la pedra, com estava subjecta i on estava situada. "Los referidos señores Jueces, con asistencia de los infrascritos escribanos y en concurso de los expresados peritos albañil y cantero" van pujar a "la loma que sigue al Portichuelo de Alicante, entre las Cañadas de tituladas de Perez al medio día y la de Gregorio Piñol a la tramontana haciendo frente a un paso, o Cordel de ganado de la del mismo Piñol, que está al medio día de la Sierra del Sancho". Seguidament els professionals de la matèria van procedir a la demolició de la pedra i a la seua autòpsia, "estava fixado dos palmos y un quarto en la Loma, con lecho de cal y arena, tomado por todos sus extremos con el mismo material", fet de pedra almendrón, tenint una longitud de poc més de set pams i una circumferència de dos pams. Van cobrir finalment el clot de la lloma amb terra de la mateixa. L'audiència es va retirar a la casa de Gregorio on van menjar. Sobre les 15 hores arriba la galera propietat de Thomas Piñol, veí de Salades, i en presència de Jutges, Sindique Procurador General i altres gents que havien arribat de la Torrosella aqueixa mateix matí, van carregar la pedra com "cuerpo del delito, se conduzca a la Villa de Elche, para los efectos que convengan a la Administración de Justicia". El fet va causar gran alegria entre els presents, tornant a casa amb la satisfacció de la missió complida. Faena desfeta.
Com curiositat contaré que amb posterioritat a la col·locació de la fita, les autoritats alacantines van decidir enviar a un escriba perquè donara fe de la col·locació de la mateixa, però quan aquest va arribar al lloc va quedar horroritzat al trobar que la pedra havia desaparegut i que en el lloc "havia un gran concurso de gentes, y eran los alcaldes Mayor y Ordinario de la villa de Elche, con algunos capitulares de su Ayuntamiento, alguaciles auxiliados de tropas del regimiento de cavallería de la reyna" qui li van manifestar amb tarannà que el molló "se lo llevavan a la plaza de Elche para memoria". Si li punxen no li ix sang.
La veritat és que l'alegria va durar bé poc, doncs els il·licitans van descobrir incréduls que el dia 14 de març, on abans havien unes fites en la Torrosella, ara havia una pedra encara més gran que el del Portitxol.
Sent les 2 del matí del 3 d'abril de 1773 va ixir una comitiva encapçalada per l'Alcalde Major i Ordinari, el regidor Joseph Miralles, assistits per escribans, el perit picapedrer sr. Vidre, alguacils, guardes de forestals i acompanyant-los una galera llençada per tres mules. Van llegar a les 5 del matí al partit de la Torrosella, albirant la nova fita on abans estaven les fites vistes el dia 12 de març. S'arranca la fita de pedra forta cridada berroqueña (pur granit), de set pams de llarg i diversos dits, per dos pams d'espessor. Es carrega, i ixen a les 6 del matí arribant A Elx a les 10 del matí. Com veem un pla astut i sofisticat, com el primer.
Però en aquesta ocasió em pregunte: Per què van tardar tants dies a traure la fita, amb les presses i ímpetu que es van donar amb l'anterior? van intentar esgotar les vies diplomàtiques? per que ho van fer a eixes hores tan intempestives? potser fora perquè no tenien la suficient convicció legal per a fer-lo?.
Les dues fites es van dipositar judicialment i els van posar un guàrdia cridat Geronimo Montalvo, però quedava per saber una última i important qüestió, i per a esbrinar-la se li encarrega a Joseph Falcó de María, de professió "fiel de la romana", tal dificultosa missió. Se li va lliurar les dues pedres i amb una romana va procedir a pesar-les: per exemple, la del Portictxol va pesar quaranta-quatre arroves valencianes (572 quilos, com un toro).
La qüestió va seguir amb mes acusacions i mes pleits, però el resultat és el que conta, i ara per ara la boga d'ambdós termes passa en línia recta del Portitxol a la Sierra Sancho i d'allí a la Torrosella. Alacant va perdre en les seues pretensions sobre el punt d'eixida de la frontera, el Portitxol i el Fondo dels Piñols (avui partida de Torrellano Alt, en aquells anys partida de Salades), però es va eixir amb la seva referent a gran part de la Partida del Rebolledo (antiga Venta de Pavia), una part de la Partida de Santa Ana, i les basses de Topulí, tan necessàries en aquells temps per al bestiar i que pertanyien als il·licitans des de temps immemorial. No va ser l'única cosa que va perdre, al llarg del temps Elx solia perdre territori en benefici d'Alacant, la illa de Tabarca o els saladars de Aiguamarga són un exemple, però sempre es va mantenir ferm quant al Portitxol.
Dels protagonistes d'aquells dies només un nom ha passat a la història: Lorenzo Chápuli, que va anar un conegut arquitecte i mestre picapedrer destacant, entre les seues moltes obres, l'esplèndid Ajuntament d'Alacant o la bella capella de la Comunió de Santa María d'Elx. Home de fort caràcter va tenir mes d'un desencontre amb les autoritats alacantines i il·licitanes, per lliuraments fora de termini, quantitats degudes, desacords en el projecte, arribant fins i tot als tribunals, on solia perdre.
I ací acaba aquesta curiosa història. Des d'aqueix dia va augmentar àdhuc mes si cap l'amor entre ambdues poblacions, fonent-se en un amigable i eterna abraçada que dura fins als nostres dies. Però què pensaria realment Gregorio de tot açò? quina preocupació ocupava la seua ment?: quasi sense por a equivocar-me diria que la seua major preocupació van deure ser les seues cabres i les seues ovelles.
En els anys 1772 i 1773 es va patir una gran sequera, fins i tot l'Ajuntament va acordar "se saque en rogativa a María Santísima de la Asumpción" si "prosigue la esterilidad y el justo enojo de Dios nuestro Señor, de forma que quasi se halla en perdición los sembrados y claman los labradores", devent escassejar les pastures i l'aigua per als ramats (la sequera va ser tan dura i va afectar a tants països que es diu que es podia creuar el Danubi a peu).
Probablement li portarien sense cura totes aquelles infantils maniobres polítiques que per uns dies li va fer estar al cim, sent ho realment important per a ell, els seus fills, el seu temperamental Antonia, i la terra on vivia, doncs era el seu mitjà de vida i sustente.
Juan Francisco Mollá Agulló
Article publicat en el Llibret de Festes de Torrellano de l'estiu de 2.012
_______________________________________________________ GREGORIO PIÑOL I ELS MOLLONS DELS COLLONS
Voy a contarles la verdadera historia de un sencillo pastor, Gregorio Piñol, que viviendo tranquila y apaciblemente con su aguerrida esposa, en un apartado lugar, muy lejos de villas y ciudades, se encontró de repente envuelto en un asunto de estado, en una guerra territorial sin cuartel. Se libraba por un trozo de tierra llamada el Fondo dels Piñols que en aquella época tenía una gran importancia económica.
Sospecho que el matrimonio Piñol - Almela jamás en su vida vio y recibió en su humilde casa a tanta gente y de tan alto rango político, judicial y militar como aquellos días del reseco 1.773, siendo la causa de tan enorme alboroto una enorme piedra.
Para entender los sucesos hay que remontarse varios siglos atrás cuando entre Elche y Alicante hubo multitud de disputas territoriales por unas tierras fronterizas entre ambos términos, concretamente la línea que va desde el mar, pasando por el Portichol, la sierra Sancho, la Partida de Santa Ana, la Partida de la Torrosella, llegando al Rebolledo. Se sucedieron en el tiempo una serie de pleitos por la posesión de la zona, y aunque no se lo crean en aquellos tiempos existían en ella extensos pastos, cruzándolas una serie de cañadas y coladas por donde pasaban grandes rebaños.
El lugar era importante por dos motivos, por los impuestos que se cobraban por ellas y sobre todo por que el poseer el lugar daba derecho sobre los rebaños que pastaban, y ello significaba una abundancia o una carencia de carne, lo que incidía en su precio. Un precio muy alto podía suponer hambre para ese municipio, especialmente en épocas de sequía.
Ya a mediados del siglo XVII, Antoni Ferrer, Sindico Procurador de Alicante, manifestaba que "la major part dels mollons que dividixen los referits termens estiguen derruits y altres tan arroinats" que han producido "moltes discordies de molt mala consequencia entre uns y altres vehins y habitadors y cada día es troben en ocasions de experimentar-se grans inconvenients". El caso es que los alicantinos arrancaban frecuentemente las fitas para aprovechar las tierras que habían al otro lado de la línea divisoria creando una gran confusión sobre la verdadera línea y los derechos de pasto sobre la zona, considerándose que la superficie sustraída era alrededor de dos leguas por tres cuartos de legua, justamente los mejores pastizales.
En varias ocasiones se intentó demarcar definitivamente el territorio pero no hubo resultado, iniciándose un proceso judicial en 1772 para resolver definitivamente el tema. El asunto estaba tan enconado que incluso el rey Carlos III tuvo que mandar que la comisión ejecutoria que debía de decidir sobre el terreno el trazado de la línea divisoria no podía residir ni en Elche ni en Alicante, sino que en una población independiente, todo ello para evitar suspicacias, corruptelas o presiones a los comisionados. Al año siguiente ya se había resuelto pero la sentencia no agradó a nadie por lo que fue apelada por ambas partes.
Es así como llegamos al día 11 de marzo de 1773, entre las 11 y las 12 de la mañana, en una loma colindante a la cañada de Gregorio Piñol, en donde se presentaron varias galeras tiradas por mulas y en una de ellas traían una enorme piedra. Sobre ellas venían cinco hombres, el jefe parecía que era un cantero llamado Chapuli acompañado por un oficial llamado el Majo. Se presentaron en casa de Isidro y Vicente Pérez y les preguntaron a éstos donde debían de poner la piedra que sería el nuevo lindero de los dos municipios, a lo que respondieron que no lo sabían y que le preguntaran a Gregorio Piñol. Mandaron buscar al tal Piñol quien poco tiempo después llegó junto con su esposa, Antonia Almela. A éste le preguntaron donde había estado días antes el Juez para poner el mojón. Sorprendentemente para todos la sra. Almela, a quien no le habían preguntado y por lo que se ve mujer de mucho carácter, les respondió enérgicamente que la piedra no la habían de poner allí, que donde debían de hacerlo era en la Sierra del Sancho donde ha estado y estaba el viejo mojón. Estupefactos con la contestación de la mujer nuevamente volvieron a formularle la pregunta al esposo. Éste les indicó el lugar, pero les advirtió que los de Elche no habían consentido que se pusiera allí. Los cinco alicantinos decidieron poner precisamente allí el nuevo mojón. Para ello subieron la galera por el paso del Bou, y loma arriba llegaron al sitio indicado, abrieron un hoyo y fijaron en él "un mojón de piedra de bastante altura y divisa", seguidamente se retiraron a la casa de los Pérez, donde fueron a buscar dos capazos de mortera y dos cantaros llenos de agua que los cargaron en una burra, previniendo Chapulí de que entre tanto volvían se hicieran tortas y gazpachos para comer todo el grupo. Faena feta.
La noticia de la aparición del mojón corrió como la pólvora causando gran estupor entre las autoridades ilicitanas, pues entendían que "ni en la sentencia del Comisionado, ay prevencion para que se ponga mojón en la lomas del Portichuelo, frente la Hazienda de Piñol, ni en el señalamiento de hizo el Juez en días pasados lo indicó tampoco" además entendían que como ambas partes habían apelado la sentencia ésta no debía de ejecutarse hasta una nueva resolución en una instancia superior. Igualmente entendían que la actitud de Alicante "evidencia el atentado que se ha cometido" al "haver puesto y fixado clandestinamente un mojón en citio no destinado, ni prevenido en la sentencia" "sin providencia del Señor Juez Comisionado" y para ello "dan cuenta al Tribunal de la Superioridad correspondiente y castigo a los culpables", "se proceda a la averiguación de los expresados sucesos examinando y resibiendo los testigos Gregorio Piñol, y demás que sepan y tengan noticia de la operación" y "hagan las preguntas y repreguntas convenientes a clarificar la verdad de los autores".
Galera
Rápidamente se adoptaron las medidas necesarias para contraatacar. Entre las 8 y las 9 de la mañana del día siguiente, día 12, salió de Elche una ilustre e impetuosa comitiva compuesta por el Alcalde mayor y ordinario, tropa militar, alguaciles y escribanos, y se dirigieron a la Torrosella, donde llegaron a las 11 de la mañana. Tras examinar el territorio y para su alivio no encontraron mojón alguno, pero si que habían "dos fitas pequeñas fixadas en terreno de la Cañada de Pavia que salían sobre la superficie de la tierra poco menos de un palmo, sin estar fixadas con ningun genero de material", pero eso no suponía ningún peligro pues entendieron que eran simples señales. La comitiva continuó hasta el caserío de Gregorio Piñol, donde vieron con sus propios ojos el nuevo mojón, eso si que les indignó pero hasta la médula.
Tomaron declaración a los testigos, el primero, Gregorio Piñol, de sesenta años de edad, quien juró "por Díos nuestro Señor y una señal de la Cruz" que "cinco hombres que estavan poniendo un mojón, enfrente de la misma Cañada, y citio donde jamas lo ha havido, ni conosido, siendo assi que en este paraje ha nacido, se ha criado, en compañia de sus padres", además le preguntaron un sin fin de cosas y finalmente "no firmó por que dijo no saber, lo que hicieron sus mercedes". En todo el proceso testificaron otros vecinos como Gregorio Piñol Almela (hijo del anterior), Antonio Niñoles de Ferran, Joseph Graner de Borreguero, Juan Bautista Javaloies y Francisco Maciá de Garch, quienes sufrieron el exhaustivo interrogatorio de rigor.
Se requirió la asistencia de un maestro cantero, Joseph Vidre, y de un maestro albañil, Juan Martínez, quienes como peritos expertos debían de testimoniar detalladamente como era la piedra, como estaba sujeta y donde estaba situada. "Los referidos señores Jueces, con asistencia de los infrascritos escribanos y en concurso de los expresados peritos albañil y cantero" subieron a "la loma que sigue al Portichuelo de Alicante, entre las Cañadas de tituladas de Perez al medio día y la de Gregorio Piñol a la tramontana haciendo frente a un paso, o Cordel de ganado de la del mismo Piñol, que está al medio día de la Sierra del Sancho". Seguidamente los profesionales de la materia procedieron a la demolición del pedrusco y a su autopsia, "estava fixado dos palmos y un quarto en la Loma, con lecho de cal y arena, tomado por todos sus extremos con el mismo material", hecho de piedra almendrón, teniendo una longitud de poco más de siete palmos y una circunferencia de dos palmos. Cubrieron finalmente el hoyo de la loma con tierra de la misma. La audiencia se retiró a la casa de Gregorio donde comieron. Sobre las 15 horas llega la galera propiedad de Thomas Piñol, vecino de Saladas, y en presencia de Jueces, Sindico Procurador General y demás gentes que habían llegado de la Torrosella esa misma mañana, cargaron el pedrolo como "cuerpo del delito, se conduzca a la Villa de Elche, para los efectos que convengan a la Administración de Justicia". El hecho causó gran alegría entre los presentes, volviendo a casa con la satisfacción de la misión cumplida. Faena desfeta.
Como curiosidad contaré que con posterioridad a la colocación del mojón, las autoridades alicantinas decidieron enviar a un escribano para que diera fe de la colocación del mismo, pero cuando éste llegó al lugar quedó horrorizado al encontrar que la piedra había desaparecido y que en el lugar "havia un gran concurso de gentes, y eran los alcaldes Mayor y Ordinario de la villa de Elche, con algunos capitulares de su Ayuntamiento, alguaciles auxiliados de tropas del regimiento de cavallería de la reyna" quienes le manifestaron con talante que el mojón "se lo llevavan a la plaza de Elche para memoria". Si le pinchan no le sale sangre.
La verdad es que la alegría duró bien poco, pues los ilicitanos descubrieron incrédulos que el día 14 de marzo, donde antes habían unas fitas en la Torrosella, ahora había un mojón aún más grande que el del Portichol.
Siendo las 2 de la mañana del 3 de abril de 1773 salio una comitiva encabezada por el Alcalde Mayor y Ordinario, el regidor Joseph Miralles, asistidos por escribanos, el perito cantero sr. Vidre, alguaciles, guardas de monte y acompañándoles una galera tirada por tres mulas. Legaron a las 5 de la mañana al partido de la Torrosella, divisando el nuevo mojón donde antes estaban las fitas vistas el día 12 de marzo. Se arranca el mojón de piedra fuerte llamada Berroqueña (puro granito), de siete palmos de largo y varios dedos, por dos palmos de espesor. Se carga, y salen a las 6 de la mañana llegando a Elche a las 10 de la mañana. Como vemos un plan astuto y sofisticado, como el primero.
Pero en esta ocasión me pregunto: ¿Por qué tardaron tantos días en sacar el mojón, con las prisas y ímpetu que se dieron con el anterior? ¿intentaron agotar las vías diplomáticas? ¿por qué lo hicieron a esas horas tan intempestivas? ¿quizás fuera porque no tenían la suficiente convicción legal para hacerlo?.
Los dos mojones se depositaron judicialmente y les pusieron un guardia llamado Geronimo Montalvo, pero quedaba por saber una última e importante cuestión, y para averiguarla se le encarga a Joseph Falcó de María, de profesión "fiel de la romana", tal dificultosa misión. Se le entregó las dos piedras y con una romana procedió a pesarlas: por ejemplo, la del Portichol pesó cuarenta y cuatro arrobas valencianas (572 kilos, como un toro).
La cuestión siguió con mas acusaciones y mas pleitos, pero el resultado es lo que cuenta, y hoy por hoy el linde de ambos términos pasa en línea recta del Portichol a la Sierra Sancho y de allí a la Torrosella. Alicante perdió en sus pretensiones sobre el punto de salida de la frontera, el Portichol y el Fondo dels Piñols (hoy partida de Torrellano Alto, en aquellos años partida de Saladas), pero se salió con la suya en lo referente a gran parte de la Partida del Rebolledo (antigua venta de Pavia), una parte de la Partida de Santa Ana, y las balsas de Topulí, tan necesarias en aquellos tiempos para el ganado y que pertenecían a los ilicitanos desde tiempo inmemorial. No fue lo único que perdió, a lo largo del tiempo Elche solía perder territorio en beneficio de Alicante, la isla de Tabarca o los saladares de Aguamarga son un ejemplo, pero siempre se mantuvo firme en cuanto al Portichol.
De los protagonistas de aquellos días me temo que sólo un nombre ha pasado a la historia: Lorenzo Chápuli, que fue un afamado arquitecto y maestro cantero destacando, entre sus muchas obras, el espléndido Ayuntamiento de Alicante o la hermosa capilla de la Comunión de Santa María de Elche. Hombre de fuerte carácter tuvo mas de un desencuentro con las autoridades alicantinas e ilicitanas, por entregas fuera de plazo, cantidades debidas, desacuerdos en el proyecto, llegando incluso a los tribunales, donde solía perder.
Y aquí acaba esta curiosa historia. Desde ese día aumentó aun mas si cabe el amor fraternal entre ambas poblaciones, fundiéndose en un amigable y eterno abrazo que dura hasta nuestros días. Pero ¿qué pensaría realmente Gregorio de todo esto? ¿qué preocupación ocupaba su mente?: casi sin miedo a equivocarme diría que su mayor preocupación debieron de ser sus cabras y sus ovejas.
En los años 1772 y 1773 se sufrió una gran sequía, incluso el Ayuntamiento acordó "se saque en rogativa a María Santísima de la Asumpción" si "prosigue la esterilidad y el justo enojo de Dios nuestro Señor, de forma que quasi se halla en perdición los sembrados y claman los labradores", debiendo de escasear los pastos y el agua para los rebaños (la sequía fue tan dura y afectó a tantos países que se dice que se podía cruzar el Danubio a pie).
Probablemente le traerían sin cuidado todas aquellas infantiles maniobras políticas que por unos días le hizo estar en el candelero, siendo lo realmente importante para él, sus hijos, su temperamental Antonia, y la tierra donde vivía, pues era su medio de vida y sustento.
Juan Francisco Mollá Agulló
Artículo publicado en el Llibret de Festes de Torrellano del verano de 2.012
El presente relato ha basado en los fondos del Archivo Histórico de Elche y en el libro Mª Carmen Dueñas Moya "Territorio y jurisdicción en Alicante: el término general durante la Edad Moderna"
Tots tenim clar que la carretera és i va ser un factor determinant en el desenrotllament del nostre Torrellano unint Alacant amb Elx, però molt més important ho va ser en l'antiguitat, primerament formant part del sistema viari romà i posteriorment com a camí reial. Si ens fixem un poc més en el seu traçat veurem que hi ha un accident geogràfic que hui en dia passa quasi desapercebut però que des de l'antiguitat va marcar la frontera entre regnes i senyorius, entre L´Alacantí i el Baix Vinalopó, i este no és un altre que el Portitxol, obligat pas en el viatge.
Cantiga 126 Alfonso X "el Sabio" - Miracle de la Verge María a Elx
Han ocorregut molts successos en este xicotet tossal que van des de robatoris i segrestos a escaramusses bèl·liques, arrancant tots ells des de l'edat mitjana, ens podran paréixer simples comparats amb altres esdeveniments de mes prestància històrica però són els nostres i la suma de tots ells formen la nostra humil història.
El que pretén este article és mostrar alguns d'estos successos i com va ser la difícil convivència entre moros i cristians a partir de la consolidació del territori després de la reconquista cristiana, perquè es produïen periòdicament xicotetes i grans incursions provinents del regne nassarita de Granada, atacant el Regne de València a pesar d'estar Múrcia per mig (molt poc poblada i en conseqüència molt mal defesa).
Dos d'estes grans incursions militars es van produir en els anys 1331 i 1332 quan un exèrcit granadi dirigit pel temible cabdill Ridwan va invadir la nostra comarca, no amb l'objectiu de conquistar el territori, sinó amb la pretensió de saquejar-ho i donar un colp militar als cristians.
Els historiadors de l'època van xifrar l'exercit granadi en cinc mil genets i quinze mil peons, i cal dir que eixa primera incursió va ser una verdadera tragèdia per a la zona perquè la van saquejar, emportant-se com a botí de campanya a 1.500 captius entre hòmens i dones, xicotets i grans, 800 egües i 2000 vaques, a més de talar tota l'horta i cremar Guardamar.
L'any següent van tornar a creuar la frontera i en esta ocasió van assetjar Elx diversos dies, i a pesar d'estar els cristians millor preparats que l'any anterior, l'envergadura de l'exercite invasor feia difícil la resistència. La defensa va ser tan preocupada que inclús les dones van arribar a ajudar en la defensa tirant oli bullent des de les muralles, comptant-ho així Però Maça en la seua crònica: “muntaven per les escales al mur vingueren les dones ab calderes de oli bullent e gitaren-los aquell e moriren-i molts”.
Des d'Alacant es va preparar una divisió per a socórrer a la vila assetjada eixint en la seua ajuda, però van rebre ordes d'esperar al gros de l'exèrcit aragonés que es dirigia a tota marxa cap al sud per a repel·lir l'agressió, amb el rei Alfons IV "el Benigne" al front. Els alacantins van decidir acampar a l'espera del dit exèrcit en el que se suposa és hui Els Balssars. Espies van informar de tot això a Ridwan, el qual va pensar que, potser, Alacant estaria mal defesa, així que va decidir atacar-la dirigint-se de nit amb part del seu exercit, però a l'arribar al Portitxol van topar amb un esquadró de llancers i dos esquadrons de ballesters amb maça que estaven en eixe lloc. Numèricament els granadins eren molt superiors però els cristians tenien l'avantatge del terreny, al tindre una posició mes elevada sobre ells, i la confusió que donava la nit. Va començar l'escaramussa produint-se diverses envestides granadines que van ser rebutjades sagnantment per a ambdós bans i segons compten les cròniques amb gran valentia per part dels cristians. Després de diversos intents de creuar el Portitxol els sarraïns van desistir de fer-ho. L'assetjament d'Elx va seguir, però veient la tenacitat de la defensa i constret pel gran exercite aragonés que s'estava desplaçant a la zona, van decidir alçar el campament, talar l'horta de nou i emportar-se amb si tots els captius, bèsties i béns possibles en el seu viatge de tornada a Granada.
El camí reial que unia Alacant amb Elx era molt transitat per gents de tota condició, des de reis a serfs, passant per senyors, clergues, militars, comerciants, i amb ells viatjaven tot tipus de mercaderies, sent una ruta molt temptadora per a bandolers i assaltants de tot credo.
En el camí destacava el Portitxol, un punt estratègic per a estos menesters, al ser un lloc molt solitari i estar equidistant entre Elx i Alacant (per tant allunyat de les vigilades urbs). Igualment destacava per ser el lloc mes alt de tot el trajecte, per tant es tenia a la vista a tots els que venien per les planes de l'una i l'altra part, a més de poder divisar magníficament el castell i el port d'Alacant així com tot Elx. Damunt tenia pròximes serres i llomes on poder aguaitar i fugir (la resta del camí és pràcticament pla i les serres estan mes allunyades del camí, fent mes complex l'assalt per sorpresa), en resum: el lloc perfecte per a una sorprenent emboscada.
Un exemple de robatori amb homicidi el tenim documentat en una sèrie d'actes del Consell municipal en què ens compten com el dia 14 de gener de 1371 van trobar un cadàver en el Portitxol i com comença la corresponent investigació. Es va descobrir que el difunt es cridava Juan de Chinchilla i que li havien robat una mula de pèl castany, recaient molt prompte totes les sospites sobre els bandolers sarraïns. Un aspecte curiós és que en les actes es remarca que el Portichol pertany Elx i en conseqüència a la seua jurisdicció.
Arxiu Historic d´Elx - Portichol
Des de Granada s'infiltraven grups reduïts d'assaltants en territori cristià i ho feien el mas discretament possible per a poder donar un colp precís i retirar-se ràpidament amb el botí. Per a això desferraven als cavalls i els posaven una espècie de bótes perquè foren el mas silenciosos possible. Igualment tenien l'avantatge de conéixer perfectament la geografia local i saber aprofitar els contraforts de sistema Bètic per a introduir-se sigil·losament protegits per les muntanyes, en este cas entraven per les ombries de la serra de Crevillent i de la serra Grossa, a continuació pel fons dels Piñols, arribant al Portitxol sense ser a penes detectats.
La intenció era ben clara, robar, aterrir i segrestar cristians, portant-se'ls presos a Granada i posteriorment demanar un rescat per ells o realitzar un canvi d'ostatges. El segrest es va convertir en un verdader negoci, generalitzant-se tant que va arribar a ser un greu problema per a la població, inclús es va instituir una almoina anomenada “bací de catius” destinada a ajudar les famílies més pobres que no podien pagar el costós rescat. Es creu que van arribar a haver-hi en les masmorres granadines fins a 7.000 cristians captius, que van ser utilitzats per a tot tipus de treballs forçats.
En el segle XIV es va instal·lar a Elx l'Orde de la Mercé, provinent de Barcelona, que entre els habituals vots de pobresa, obediència i castedat va afegir un quart vot consistent a alliberar els presoners que estigueren en perill de perdre la seua fe, ajudant a multitud d'ells a recobrar la seua llibertat, ja fora pagant el rescat, ja fora intercanviant un dels seus membres per un ostatge a alliberar. Amb el temps l'orde dels mercedaris va ser propietària de grans extensions de terra en Torrellano, concretament de l'ermita vella, que posteriorment van passar a l'orde franciscana.
Escut a Elx de l´Orde de la Mercé
"Axí quan cativaren a Joan de Fontes e Pere Ferrandes al portichol de Alacant, que fon atrobat que moros de la vayll hi foren". Un exemple de segrest ho trobem en la primavera de 1382 quan viatjaven pel Portitxol dos escuders de Llop Ximenes de Perencisa, lloctinent del procurador del Regne de València, anomenats Pere Ferrandes de Mesa i Joan de Fontes, els que van ser sorpresos per “collerats” (bandits mudèjars) portant-se'ls reus a Granada on van estar captius fins que van pagar amb tota la seua fortuna per a aconseguir la seua llibertat. Amb el temps Pere Ferrandes de Mesa va aconseguir accedir a diversos importants càrrecs polítics, sent anomenat en 1401 procurador d'Elx-Crevillent durant vint anys i l'any següent va ser ennoblit pel rei aragonés Martí I.
Rei Martí I "l´humá"
Als viatgers del camí reial se'ls intentava protegir de diverses maneres, si era important el viatger o la mercaderia, amb escorta, però en la majoria de les ocasions no ho mereixien així que viatjaven en grup, però encara així el viatge continuava sent perillós. El rei Jaume II per a protegir a eixos viatgers va decidir anomenar un vigilant vitalici per a tots els camins del terme anomenat Guillem de Junyent. Anys després, en 1321, s'anomena un vigilant especific per al trajecte Elx - Portitxol, veí d'Elx, anomenat Pere Falet (el primer municipal de la història de Torrellano!). A Junyent no li va assentar bé eixe nou nomenament perquè entenia que lesionava la seua comesa, a la qual cosa va haver-hi protesta formal davant de la cort, resolent-se que Falet quedara a les ordenes d'este a canvi d'un salari.
Quan es tenia notícia de l'entrada d'un grup de malfactors ràpidament es mobilitzava una milícia formada per a estos menesters, com així va ocórrer el dia 16 d'abril de 1385, quan van tocar les campanes de Santa Maria al detectar-se un grup infiltrat de nassarites. Immediatament el Consell municipal va organitzar la milícia eixint en la seua persecució, tots van prendre el camí d'Elx a Alacant, aconseguint-lo abans d'arribar a este últim acabe produint-se un enfrontament armat entre ambdós grups. El grup nassarita estava integrat per sis genets, quatre d'ells van morir en el xoc i dos van ser capturats, pel ban cristià va morir un cavall. Els dos presos van ser portats a Elx on en reunió pública del Consell i el poble elxà van acordar “que´ls dits moros morisen” (caldria ver la multitud medieval sol·licitant la pena capital). El cas és que dos dies després, Berenguer de Guexans, propietari del cavall mort, va demanar al Consell que se li indemnitzara per la perduda de l'equí, estos, per a poder-ho pagar, van acordar que els dos presos foren venuts i així poder-li indemnitzar. Desconec si finalment els reus van ser executats o al contrari van pagar amb l'esclavitud, però és curiós que la diferència entre morir o viure pot haver sigut haver matat un cavall de l'enemic.
La veritat cal dir-la i és que des d'Elx es va fomentar la captura i l'escarment a estos bandolers, arribant a pagar pels seus caps. Hi ha molts exemples, un d'ells ho trobem en 1421 quan dos lorquins van portar quatre caps de bandits entre elles la del "Palomino", un veí de la zona que aprofitat el seu coneixement del territori va causar verdaders estralls entre la població. Preu per cap: 1 florí. Era igual que el llunyà Oest, els bandits per un costat i els caça recompenses per un altre.
El tossal donava molts maldecaps a les autoritats locals i al mateix rei Martí I, així que el dia el 6 de setembre de 1401 va decidir resoldre el problema autoritzant al Consell d'Elx perquè construïra una torre o defensa en el Portitxol tenint allí una certa guàrdia, tot això amb la intenció de parar els peus als assaltants, i a més s'autoritzava perquè es poguera exigir estipendis pel seu pas i així sufragar els gastos de la seua construcció i manteniment.
Cantiga 126 Alfonso X El Sabio
En la mencionada carta reial ho diu bé claret, en llatí: "pro securitate itinerantium transeuntium per passum vocatum del Portichol, inter villam d´Elg et villam d'Alacant in regno Valencie" "in dicte passu quandam turrem sieve fortilicium et in eo tenere custodies sive guardes".
Noranta anys després la torre es trobava danyada així que es va destinar una partida pressupostària per a reparar-la que diu així: “quaranta quatre sols paga a Alfonso Gallego per adobar el Portichol”.
Hi ha una coincidència en el temps que em dóna que pensar i és que el mateix any que s'autoritza la construcció de la torre, 1401, s'anomena procurador d'Elx a Pere Fernandes de Mesa, el mateix a què anys abans havien segrestat en el lloc on hui es pretenia construir la torre de vigilància. Va ser una simple coincidència en el temps? O al contrari va ser un obsessiu objectiu de l'ara influent elxà per a fer segur el lloc?.
Està clar que el que es pretenia evitar era que altres cristians foren capturats i patiren les mateixes penalitats patides per Ferrandes de Mesa en el seu captivitat de joventut.
Per a poder fer-nos una idea de com va ser eixa torre podem anar a Aigües de Busot i visitar la que allí existix o igualment visitar la anomenada "La Torreta" enclavada en el camí medieval que unia Elda amb Sax, construïdes aproximadament en la mateixa època i destinades als mateixos usos.
Un fet un tant diferent dels anteriorment narrats va ocórrer el 27 de setembre de 1457 quan “certa gent de cavall e de peu” asaltaren a la vila d´Elx “prop de lo Portitxol, qui stà en lo camí real, per on les gents van de la vila d´Elig a Lacant” a dos moros elxans que conduïen huit bèsties carregades amb panses i que es dirigien al port d'Alacant. Els assaltants van tirar les panses al sòl, van segrestar els moros i a les bèsties i se'ls van portar a tots a Aspe. El sorprenent d'este segrest express és que entre els assaltants es trobava Joan de Malla, notari d'Elx, i no ho va fer perquè es vera abocat al delicte per passar penalitats (si este haguera sigut el cas hauria segrestat també les panses), sinó que el que pretenia era desestabilitzar políticament a la senyora d'Elx, la ciutat de Barcelona.
Per a conéixer un poc mes la història cal remuntar-se a l'any 1391 quan la ciutat de Barcelona va comprar al futur rei Martí I "l'Humà" el senyoriu de les viles d'Elx i Crevillent, tot això obligat per la necessitats econòmiques per a ajudar el seu fill en la campanya militar siciliana. La venda es va efectuar pel procediment de carta de gràcia, és a dir, amb el dret de recuperació per part del rei per 50.000 florins.
Cantiga 133 Alfonso X el Sabio
Temps després l'ambiciós Comte de Cocentaina, senyor entre altres molts llocs d'Aspe i Elda, va començar a practicar una política expansiva des del punt de vista territorial i polític i la ciutat de Barcelona era una molèstia per als seus objectius. Entre ambdós van haver-hi innumerables disputes, arribant a la guerra oberta, passant per segrestos i saquejos.
En este context de conflicte es pot dir que el notari va ser poc fidel a la seua senyora, perquè va col·laborar amb el Comte de Cocentaina, sent potser el mòbil de la dita traïció el que alguns poderosos i adinerats elxans desitjaven tornar al patrimoni reial i així augmentar el seu poder i per a això el comte podria ser-los útil en el seu objectiu. Cal dir que finalment el comte es va eixir amb la seua, va augmentar la seua influència sobre la zona i Barcelona va deixar de ser senyora, tornant finalment la vila a patrimoni reial.
La inseguretat que es vivia en el lloc no va desaparéixer fins que no va caure el regne de Granada en 1492, augmentat les possibilitats per al transite de persones i del comerç, i eixa nova seguretat i tranquil·litat la va deixar veure el viatger Hieronymus Münzen, un alemany que va visitar Espanya en 1494 fugint de la pesta (altres diuen que espiant), en la seua obra escrita en llatí “Itinerarium sive peregrinato per Hispaniam” on descriu de la següent manera el seu pas pel Portitxol i la seua relativa nova seguretat “12 d'octubre, eixint d'Alacant per una planura estèril i molt perillosa antigament a causa de saltejadors sarraïns, cavalcant dos llegües, arribem després a una altra plana... ”.
Com hem vist la història ha sigut pròdiga en fets que han succeït en el Portitxol. La gran majoria d'ells s'han difuminat en la boira del temps però altres pocs han quedat reflectits en ressecs lligalls, alguns encara potser pendents de ser rescatats de l'oblit. Hui podem contemplar al Portitxol desproveït de la seua torre medieval i del seu polsegós camí reial però sempre tindrem la possibilitat de tancar els ulls i imaginar com van succeir eixos fets tan antics que formen part de la nostra xicoteta història.
Juan Francisco Mollà Agulló
El present article va aparéixer en el llibret de festes de Torrellano en l'estiu de 2011.
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POR SEGURIDAD, UNA TORRE
Todos tenemos claro que la carretera es y fue un factor determinante en el desarrollo de nuestro pueblo uniendo Alicante con Elche, pero mucho más importante lo fue en la antigüedad, primeramente formando parte del sistema viario romano y posteriormente como camino real. Si nos fijamos un poco más en su trazado veremos que hay un accidente geográfico que hoy en día pasa casi desapercibido pero que desde la antigüedad marcó la frontera entre reinos y señoríos, entre L´Alacantí y el Bajo Vinalopó, y éste no es otro que el Portichol, obligado paso en el viaje.
Han ocurrido muchos sucesos en este pequeño collado que van desde robos y secuestros a escaramuzas bélicas, arrancando todos ellos desde la edad media, nos podrán parecer simples comparados con otros acontecimientos de mas empaque histórico pero son los nuestros y la suma de todos ellos forman nuestra humilde historia.
Lo que pretende este artículo es mostrar algunos de estos sucesos y como fue la difícil convivencia entre moros y cristianos a partir de la consolidación del territorio tras la reconquista cristiana, pues se producían periódicamente pequeñas y grandes incursiones provenientes del reino nazarí de Granada, atacando el Reino de Valencia a pesar de estar Murcia por medio (muy poco poblada y en consecuencia muy mal defendida).
Dos de estas grandes incursiones militares se produjeron en los años 1331 y 1332 cuando un ejército granadino dirigido por el temible caudillo Ridwan invadió nuestra comarca, no con el objetivo de conquistar el territorio, sino con la pretensión de saquearlo y dar un golpe militar a los cristianos.
Los historiadores de la época cifraron el ejercito granadino en cinco mil jinetes y quince mil peones, y hay que decir que esa primera incursión fue una verdadera tragedia para la zona pues la saquearon, llevándose como botín de campaña a 1.500 cautivos entre hombres y mujeres, pequeños y grandes, 800 yeguas y 2000 vacas, además de talar toda la huerta y quemar Guardamar.
Al año siguiente volvieron a cruzar la frontera y en esta ocasión sitiaron Elche varios días, y a pesar de estar los cristianos mejor preparados que el año anterior, la envergadura del ejercito invasor hacía difícil la resistencia. La defensa fue tan apurada que incluso las mujeres llegaron a ayudar en la defensa echando aceite hirviendo desde las murallas, contándolo así Pero Maça en su crónica : “muntaven per les escales al mur vingueren les dones ab calderes de oli bullent e gitaren-los aquell e moriren-i molts”.
Desde Alicante se preparó una división para socorrer a la villa sitiada saliendo en su ayuda, pero recibieron órdenes de esperar al grueso del ejército aragonés que se dirigía a toda marcha hacia el sur para repeler la agresión, con el rey Alfonso IV "el Benigne" al frente. Los alicantinos decidieron acampar a la espera de dicho ejército en lo que se supone es hoy Los Balsares. Espías informaron de todo ello a Ridwan, el cual pensó que, quizás, Alicante estaría mal defendida, así que decidió atacarla dirigiéndose de noche con parte de su ejercito, pero al llegar al Portichol toparon con un escuadrón de lanceros y dos escuadrones de ballesteros con maza que estaban en ese lugar. Numéricamente los granadinos eran muy superiores pero los cristianos tenían la ventaja del terreno, al tener una posición mas elevada sobre ellos, y la confusión que daba la noche. Comenzó la escaramuza produciéndose varias envestidas granadinas que fueron rechazadas sangrientamente para ambos bandos y según cuentan las crónicas con gran valentía por parte de los cristianos. Tras varios intentos de cruzar el Portichol los sarracenos desistieron de hacerlo. El asedio de Elche siguió, pero viendo la tenacidad de la defensa y apremiado por el gran ejercito aragonés que se estaba desplazando a la zona, decidieron levantar el campamento, talar la huerta de nuevo y llevarse consigo todos los cautivos, bestias y bienes posibles en su viaje de regreso a Granada.
El camino real que unía Alicante con Elche era muy transitado por gentes de toda condición, desde reyes a siervos, pasando por señores, clérigos, militares, comerciantes, y con ellos viajaban todo tipo de mercaderías, siendo una ruta muy tentadora para bandoleros y asaltantes de todo credo.
En el camino destacaba el Portichol, un punto estratégico para estos menesteres, al ser un lugar muy solitario y estar equidistante entre Elche y Alicante (por tanto alejado de las vigiladas urbes). Igualmente destacaba por ser el lugar mas alto de todo el trayecto, por tanto se tenía a la vista a todos los que venían por las llanuras de una y otra parte, además de poder divisar magníficamente el castillo y el puerto de Alicante así como todo Elche. Para colmo tenía cercanas sierras y lomas donde poder acechar y huir (el resto del camino es prácticamente plano y las sierras están mas alejadas del camino, haciendo mas complejo el asalto por sorpresa), en resumen: el lugar perfecto para una sorpresiva emboscada.
Un ejemplo de robo con homicidio lo tenemos documentado en una serie de actas del Consell municipal en las que nos cuentan como el día 14 de enero de 1371 encontraron un cadáver en el Portichol y como comienza la correspondiente investigación. Se descubrió que el fallecido se llamaba Juan de Chinchilla y que le habían robado una mula de pelo castaño, recayendo muy pronto todas las sospechas sobre los bandoleros sarracenos. Un aspecto curioso es que en las actas se hace hincapié en que el Portichol pertenece Elche y en consecuencia a su jurisdicción.
Desde Granada se infiltraban grupos reducidos de asaltantes en territorio cristiano y lo hacían lo mas discretamente posible para poder dar un golpe preciso y retirarse rápidamente con el botín. Para ello desherraban a los caballos y les ponían una especie de botas para que fueran lo mas silenciosos posible. Igualmente tenían la ventaja de conocer perfectamente la geografía local y saber aprovechar las estribaciones de sistema bético para introducirse sigilosamente protegidos por las montañas, en este caso entraban por las umbrías de la sierra de Crevillente y de la sierra Grossa, seguidamente por el fondo dels Piñols, llegando al Portichol sin ser apenas detectados.
La intención era bien clara, robar, aterrorizar y secuestrar a cristianos, llevándoselos presos a Granada y posteriormente pedir un rescate por ellos o realizar un canje de rehenes. El secuestro se convirtió en un verdadero negocio, generalizándose tanto que llegó a ser un grave problema para la población, incluso se instituyó una limosna llamada “bací de cautius” destinada a ayudar a las familias más pobres que no podían pagar el costoso rescate. Se cree que llegaron a haber en las mazmorras granadinas hasta 7.000 cristianos cautivos, que fueron utilizados para todo tipo de trabajos forzados.
En el siglo XIV se instaló en Elche la Orden de la Merced, proveniente de Barcelona, que entre los habituales votos de pobreza, obediencia y castidad añadió un cuarto voto consistente en liberar a los prisioneros que estuvieran en peligro de perder su fe, ayudando a multitud de ellos a recobrar su libertad, ya fuera pagando el rescate, ya fuera intercambiando uno de sus miembros por un rehén a liberar. Con el tiempo la orden de los mercedarios fue propietaria de grandes extensiones de tierra en Torrellano, concretamente de la ermita vieja, que posteriormente pasaron a la orden franciscana.
"Axí quan cativaren a Joan de Fontes e Pere Ferrandes al portichol de Alacant, que fon atrobat que moros de la vayll hi foren". Un ejemplo de secuestro lo encontramos en la primavera de 1382 cuando viajaban por el Portichol dos escuderos de Llop Ximenes de Perencisa, lugarteniente del procurador del Reino de Valencia, llamados Pere Ferrandes de Mesa y Joan de Fontes, quienes fueron sorprendidos por “collerats” (bandidos mudéjares) llevándoselos reos a Granada donde estuvieron cautivos hasta que pagaron con toda su fortuna para conseguir su libertad. Con el tiempo Pere Ferrandes de Mesa logró acceder a varios importantes cargos políticos, siendo nombrado en 1401 procurador de Elche-Crevillente durante veinte años y al año siguiente fue ennoblecido por el rey aragonés Martín I.
A los viajeros del camino real se les intentaba proteger de varias maneras, si era importante el viajero o la mercadería, con escolta, pero en la mayoría de las ocasiones no lo merecían así que viajaban en grupo, pero aún así el viaje seguía siendo peligroso. El rey Jaime II para proteger a esos viajeros decidió nombrar a un vigilante vitalicio para todos los caminos del término llamado Guillem de Junyent. Años después, en 1321, se nombra un vigilante especifico para el trayecto Elche - Portichol, vecino de Elche, llamado Pere Falet (¡el primer municipal de la historia de Torrellano!). A Junyent no le sentó bien ese nuevo nombramiento pues entendía que lesionaba su cometido, a lo que hubo protesta formal ante la corte, resolviéndose que Falet quedara a las ordenes de éste a cambio de un salario.
Cuando se tenía noticia de la entrada de un grupo de malhechores rápidamente se movilizaba una milicia formada para estos menesteres, como así ocurrió el día 16 de abril de 1385, cuando tocaron las campanas de Santa María al detectarse un grupo infiltrado de nazaríes. Inmediatamente el Consell municipal organizó la milicia saliendo en su persecución, todos tomaron el camino de Elche a Alicante, alcanzándoles antes de llegar a éste último termino produciéndose un enfrentamiento armado entre ambos grupos. El grupo nazarí estaba integrado por seis jinetes, cuatro de ellos murieron en la refriega y dos fueron capturados, por el bando cristiano murió un caballo. Los dos presos fueron llevados a Elche donde en reunión pública del Consell y el pueblo ilicitano acordaron “que´ls dits moros morisen” (habría que ver la muchedumbre medieval solicitando la pena capital). El caso es que dos días después, Berenguer de Guexans, propietario del caballo fallecido, pidió al Consell que se le indemnizara por la perdida del equino, éstos, para poderlo pagar, acordaron que los dos presos fueran vendidos y así poderle indemnizar. Desconozco si finalmente los reos fueron ejecutados o por el contrario pagaron con la esclavitud, pero es curioso que la diferencia entre morir o vivir puede haber sido haber matado un caballo del enemigo.
La verdad hay que decirla y es que desde Elche se fomentó la captura y el escarmiento a estos bandoleros, llegando a pagar por sus cabezas. Hay muchos ejemplos, uno de ellos lo encontramos en 1421 cuando dos lorquinos trajeron cuatro cabezas de bandidos entre ellas la del "Palomino", un vecino de la zona que aprovechado su conocimiento del territorio causó verdaderos estragos entre la población. Precio por cabeza: 1 florín. Era igual que el lejano Oeste, los bandidos por un lado y los caza recompensas por otro.
El collado daba muchos quebraderos de cabeza a las autoridades locales y al mismísimo rey Martín I, así que el día el 6 de septiembre de 1401 decidió resolver el problema autorizando al Consell de Elche para que construyera una torre o defensa en el Portichol teniendo allí cierta guardia, todo ello con la intención de parar los pies a los asaltantes, y además se autorizaba para que se pudiera exigir estipendios por su paso y así sufragar los gastos de su construcción y mantenimiento.
En la mencionada carta real lo dice bien clarito, en latín: "pro securitate itinerantium transeuntium per passum vocatum del Portichol, inter villam d´Elg et villam de Alacant in regno Valencie" "in dicto passu quandam turrem sieve fortilicium et in eo tenere custodias sive guardas".
Noventa años después la torre se encontraba dañada así que se destinó una partida presupuestaria para repararla que dice así: “quaranta quatre sols paga a Alfonso Gallego per adobar lo Portichol”.
Hay una coincidencia en el tiempo que me da que pensar y es que el mismo año que se autoriza la construcción de la torre, 1401, se nombra procurador de Elche a Pere Fernandes de Mesa, el mismo al que años antes habían secuestrado en el lugar donde hoy se pretendía construir la torre de vigilancia. ¿Fue una simple coincidencia en el tiempo? o por el contrario ¿fue un obsesivo objetivo del ahora influyente ilicitano para hacer seguro el lugar?.
Está claro que lo que se pretendía evitar era que otros cristianos fueran capturados y padecieran las mismas penalidades sufridas por Ferrandes de Mesa en su cautiverio de juventud.
Para poder hacernos una idea de como fue esa torre podemos ir a Aigües de Busot y visitar la que allí existe o igualmente visitar la llamada "La Torreta" enclavada en el camino medieval que unía Elda con Sax, construidas aproximadamente en la misma época y destinadas a los mismos usos.
Un hecho un tanto distinto a los anteriormente narrados ocurrió el 27 de septiembre de 1457 cuando “certa gent de cavall e de peu” asaltaron en la villa de Elche “prop de lo Portitxol, qui stà en lo camí real, per on les gents van de la vila d´Elig a Lacant” a dos moros ilicitanos que conducían ocho bestias cargadas con pasas y que se dirigían al puerto de Alicante. Los asaltantes tiraron las pasas al suelo, secuestraron a los moros y a las bestias y se los llevaron a todos a Aspe. Lo sorprendente de este secuestro express es que entre los asaltantes se encontraba Joan de Malla, notario de Elche, y no lo hizo porque se viera abocado al delito por pasar penalidades (si éste hubiera sido el caso habría secuestrado también las pasas), sino que lo que pretendía era desestabilizar políticamente a la señora de Elche, la ciudad de Barcelona.
Para conocer un poco mas la historia hay que remontarse al año 1391 cuando la ciudad de Barcelona compró al futuro rey Martí I "el Humano" el señorío de las villas de Elche y Crevillente, todo ello obligado por la necesidades económicas para ayudar a su hijo en la campaña militar siciliana. La venta se efectuó por el procedimiento de carta de gracia, es decir, con el derecho de recuperación por parte del rey por 50.000 florines.
Tiempo después el ambicioso Conde de Cocentaina, señor entre otros muchos lugares de Aspe y Elda, comenzó a practicar una política expansiva desde el punto de vista territorial y político y la ciudad de Barcelona era una molestia para sus objetivos. Entre ambos hubieron innumerables disputas, llegando a la guerra abierta, pasando por secuestros y saqueos.
En este contexto de conflicto se puede decir que el notario fue poco fiel a su señora, pues colaboró con el Conde de Cocentaina, siendo quizás el móvil de dicha traición el que algunos poderosos y adinerados ilicitanos deseaban volver al patrimonio real y así aumentar su poder y para ello el conde podría serles útil en su objetivo. Hay que decir que finalmente el conde se salió con la suya, aumentó su influencia sobre la zona y Barcelona dejó de ser señora, volviendo finalmente la villa a patrimonio real.
La inseguridad que se vivía en el lugar no desapareció hasta que no cayó el reino de Granada en 1492, aumentado las posibilidades para el transito de personas y del comercio, y esa nueva seguridad y tranquilidad la dejó ver el viajero Hieronymus Münzen, un alemán que visitó España en 1494 huyendo de la peste (otros dicen que espiando), en su obra escrita en latín “Itinerarium sive peregrinato per Hispaniam” donde describe de la siguiente manera su paso por el Portichol y su relativa nueva seguridad “12 de octubre, saliendo de Alicante por una planicie estéril y muy peligrosa antiguamente a causa de salteadores sarracenos, cabalgando dos leguas, llegamos después a otra llanura ”.
Como hemos visto la historia ha sido pródiga en hechos que han sucedido en el Portichol. La gran mayoría de ellos se han difuminado en la niebla del tiempo pero otros pocos han quedado reflejados en resecos legajos, algunos aún puede que pendientes de ser rescatados del olvido. Hoy podemos contemplar al Portichol desprovisto de su torre medieval y de su polvoriento camino real pero siempre tendremos la posibilidad de cerrar los ojos e imaginar como sucedieron esos hechos tan antiguos que forman parte de nuestra pequeña historia. La Torre del Portichuelo de Elche