Mostrando entradas con la etiqueta Segle XVIII. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Segle XVIII. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de julio de 2014

De Lo i More a Moore Hall


Los más ancianos del lugar siempre han llamado a Torrellano “Lo i More” y lo han llamado así porque sus abuelos así lo hacían, de forma oral, de generación en generación. Nunca han sido incompatibles las dos maneras de llamar a nuestra tierra, una ha sido la oficial y la otra ha sido la tradicional.
La expresión valenciana “Lo i” es muy característica del hablar local, y su significado se traduce como “lo que pertenece a”. Está compuesta de un pronombre y sustituye el valor de la conjunción copulativa de la i por un valor de preposición. Esta forma verbal se utilizaba en la toponimia menor y muy escasamente aparece escrita, dando nombre a multitud de lugares  que por regla general indica cual era el apellido del propietario. Como ejemplos tenemos Lo i Ganga, Lo i Brisó, Lo Reus o Lo i Quiles, refiriéndose siempre a grandes fincas rústicas con una casa.
Una de las primeras referencias escritas del “Partido de More” es la que aparece en los alistamientos de los voluntarios para combatir a los franceses en 1808, donde algunos de ellos manifestaron ser de esta partida.
La única mención en los mapas es la que aparece en el realizado de la provincia de Alicante por Francisco Coello en el Diccionario Geográfico-Estadístico-Hisotórico de España. En este mapa consta la “Partida de Lo de Mori” que la sitúa donde hoy se encuentra la Partida de El Altet, y ésta a su vez la sitúa en la sierra del Portichol. Igualmente comete errores al ubicar las partidas de Perleta, Maitino y Torrellano Bajo en lo que hoy es Saladas. El trabajo de Coello fue muy meticuloso pero al basarse, en parte, en otros trabajos de cartografía, incluidos los que hicieron los militares franceses en su estancia en España, parece como si hubiera superpuesto dos mapas en una posición errónea.


En cualquier caso es en este mapa publicado en 1859 donde podemos leer junto a Torrellano Bajo la “Casa y E. de More”, donde E. se refiere a una ermita, pero al situar a Sempere entre Saladas y Torrellano Alto crea una confusión de lugares que nos impide ubicarla.
Para encontrar al propietario de aquella casa de More hay que remontarse hacia finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII cuando en Alicante se instala una comunidad de comerciantes extranjeros atraídos por el gran movimiento mercantil que tenía su puerto. Uno de los colectivos importantes eran los irlandeses que vinieron movidos por su deseo de prosperar y también huyendo de la persecución religiosa en su país. A algunos de estos exiliados se les llamaron “Wild Geese” (gansos salvajes).
En varias ocasiones los ingleses promulgaron leyes restrictivas de libertad de culto y de los derechos civiles de los irlandeses que fueron promulgadas por varios soberanos, hasta que ascendió al trono Jacobo II quien suspendió todas estas leyes discriminatorias, recuperándose sus derechos.
Sin embargo el rey Jacobo II fue destronado por su yerno protestante Guillermo de Orange. Tras la derrota de 1688 los partidarios de Jacobo II se exiliaron, entre otros países, a España que los acogieron y ayudaron, dándoles los mismos privilegios y prerrogativas que los españoles, según Real Cédula.
A lo largo del tiempo varias son las familias que se asentaron en Alicante, como por ejemplo los O´Gorman quienes entregaron a las autoridades un “manuscrito auténtico y de crédito indudable” escrito en latín, donde se cuenta bien claro lo que les sucedió y como perdieron su “hacienda llamada vulgarmente Dromellihy, la que les pertenecía por derecho hasta que la Impía Isabel invadió y ocupó la isla de Irlanda en cuyos tiempos fueron secuestrados todos los bienes de los que pertenecían a la Comunidad Católica y entonces fue cuando esta ilustre y antigua familia de O´Gorman perdió todos los bienes por su constancia en la fe católica”, mostrándonos además lo combativo de su clan al decir de ellos que “eran los primeros en empezarse la batalla, los últimos en abandonar el campo”.[1] Durante el siglo XIX Guillermo Gorman acabó siendo terrateniente en Elche. Otros muchos comerciantes irlandeses vinieron a nuestras costas.
George Moore de Ashbrook (1729-1799) provenía de un linaje inglés protestante pero su padre John Moore se casó con Jane Lynch Athy, perteneciente a una reconocida familia mercader irlandesa. Al abrazarla abrazó con ella el catolicismo. La madre introdujo a su hijo en las cohesionadas hermandades jacobitas de Wild Geese, que tenían una extensa y próspera red comercial.[2]
George Moore
Ya hacia 1749 George Moore se había instalado en Valencia comercializando seda, y en 1765 contrae matrimonio con la española Katherine de Killikelly, nacida en el noble seno de una desterrada familia jacobita, ya integrada en nuestro país.[3]
Mediante su flota mercante se dedicó al comercio internacional, básicamente exportando vino y brandy e importando bacalao y trigo, un gran negocio que le permitió amasar una considerable fortuna bajo la denominación mercantil de “Jorge Moore y Cía”.

Alicante se convirtió en el principal puerto de entrada a España de bacalao de Terranova y la Junta General de Comercio veía con preocupación el gran peso político-económico que adquirían los comerciantes extranjeros. En 1769 Jorge Moore fue elegido por los comerciantes mayoristas Diputado, cuestión que no agradó a la Junta pues siempre intentó impedir que los comerciantes de salazones dominaran el cuerpo de comercio. Finalmente se revocó su elección al considerarlo “afecto a los ingleses, y por consecuencia del comercio pasivo de saladura”.[4]

Alicante Siglo XIX
El matrimonio vivía en una gran casa en la Plaza Ramiro de Alicante, muy cercana al puerto y poseían además un almacén frente a lo que hoy es el Teatro Principal y a espaldas del Banco de España (antigua calle Barranquet).
Los adinerados alicantinos siempre han tenido un interés especial por adquirir tierras en las partidas  colindantes con su término y los mercaderes extranjeros no fueron ninguna excepción. Como ejemplo tenemos a los ingleses que a lo largo del siglo XVIII poseyeron una casa en la partida de El Altet donde enterraban a sus cónsules.
Jorge Moore se sumó a esta corriente como lo demuestra su inclusión en los listados de impuestos que se conservan, donde aparece como terrateniente poseedor de una finca rústica con hacienda en Elche. Lo encontramos por primera vez en el año 1781 y su última referencia como terrateniente data de 1810, siempre con la condición de Don.[5]
Las fincas fueron adquiridas en distintos momentos y como claro ejemplo tenemos la efectuada en agosto de 1785 en la que Pedro Mansano vendió a “Don Jorge More de nación Irlandés, vecino y del comercio por maior en la Plaza de la ciudad de Alicante, veinticuatro tahullas de tierra parte plantadas de Algarrobos, Ygueras y Almendros que tiene y posehe en el término de esta referida villa, citas en el Partido de la Torre del Llano”, lindando éstas con otras que ya eran de su propiedad.[6]

Escritura 1785 donde Jorge More compra unas tierras en Torre del Llano
Archivo Histórico de Elche



Tras relajarse las leyes discriminatorias en Irlanda Moore decidió volver a su país comprando grandes extensiones de tierra, jurando lealtad al rey Jorge III. Con su gran fortuna construyó en la década de los 90 una mansión llamada “Moore Hall”, junto al lago Carra, en el condado de Mayo.

El matrimonio Moore-Killikelly tuvo cuatro hijos nacidos en Alicante: John, George, Thomas y Peter. Los dos más jóvenes permanecieron afincados en Alicante, de los que espero tener la oportunidad de escribir en otra ocasión.

Moore Hall
En 1798 hubo una rebelión en la isla contra las injusticias que sufrían sus habitantes y entre los que la apoyaron se encontraba el primogénito de la familia, John Moore (1767-1799), quien fue nombrado Presidente de la República de Connacht. Aquella rebelión fue sofocada por el ejercito a sangre y fuego y John Moore fue capturado y condenado a muerte. Se dijo que salvó su vida gracias a que era súbdito de la corona española, pero hoy se sospecha que escapó de la ejecución gracias a una importante suma de dinero que entregó su padre para salvarlo. La pena fue conmutada por deportación a Nueva Ginebra y mientras era trasladado murió en Waterford, siendo enterrado en un lugar que el tiempo olvidó. En 1960 su tumba es casualmente descubierta y fue nuevamente sepultado con honores militares en Castlebar, estando especialmente invitado el embajador español en agradecimiento a las gestiones que se hicieron en la época para salvarle la vida. Unos consideran a este alicantino como el primer Presidente de Irlanda, otros como un consumado granuja aventurero.

Cuando G. Moore otorgó su testamento indicó que si moría en su tierra fuera enterrado en ella, pero que si moría en el Reino de España su deseo era que fuera enterrado en la cripta que poseía en el monasterio de los frailes capuchinos de Alicante. Igualmente en él reparte su herencia, lega bienes y da diversas instrucciones sobre sus negocios. De entre varias de las instrucciones destacaría las que da a John Bushell, a quien además le lega mil dólares españoles, curiosamente éste fue el abuelo de nuestro convecino Francisco Bushell y Laussat, el que fue propietario de “El 93”.[7]  


Al morir Moore heredó el gran patrimonio de la isla el segundo de sus hijos, George Moore (1770-1840), siendo los descendientes de éste una parte importante de la historia social, cultural y política de Irlanda durante el siglo XIX y buena parte del siguiente.
En 1923 Moore Hall fue incendiada por fuerzas irregulares contrarias al tratado de paz con Inglaterra y la mansión quedó prácticamente reducida a ruinas. Desgraciadamente muchas cosas provenientes de España desaparecieron con el incendio, como los cuadros de Moore y sus hijos vestidos a la española, libros, cartas, y objetos litúrgicos. Hoy en día el lugar es visitado para contemplar los frondosos bosques verdes que rodean la fachada de la casa, que aún queda en pie, y el lago de Carra, donde yacen los Moore.


Volviendo de nuevo a la toponimia local decir que es relativamente frecuente moldear los apellidos de los propietarios de las haciendas, al transmitirse el topónimo de forma oral y no escrita. Tenemos el ejemplo de “Lo Boligni”, en la Partida de la Alcoraya, que pertenecía a la familia de Francisco Bouligny. En el caso de Moore sucedió algo parecido al eliminar la segunda o de Moore por redundancia, apareciendo como More en algunas escrituras y por ese mismo motivo siempre se dijo “Lo i More”.
Para terminar decir que seguimos sin saber donde estaba aquella enigmática casa con ermita. Puede que jamás se llegue a saber, estos son los desafíos que tiene la historia.
Con este artículo se ha pretendido conocer la historia de aquellos indomables hombres que vinieron del norte y también recordar el topónimo de Lo i More. Entre los vecinos llegó a ser mucho más conocido y usado que el propio Torrellano, acompañándonos oralmente desde hace doscientos años. Conservémoslo.

Juan Francisco Mollá Agulló
Publicado en el Libret de fiestas de 2014  



[1] Archivo Municipal de Alicante. Historia de una rehabilitación en el Alicante contemporáneo. Eleuterio Llorca O´Connor. 1992.
[2] “The Moores of Moorehall”. Joseph Hone. 1939.
[3] “Cara y cruz de la sedería valenciana (siglos XVIII y XIX)". Vicente M. Santos Isern.  1981.
[4] “Alicante en el siglo XVIII: Economía de una ciudad portuaria en el antiguo régimen”. Enrique Giménez López. 1981.
[5] Archivo Histórico de Elche. Signatura H 225 4.
[6] Archivo Histórico de Elche. Signatura SHPN 627. Protocolo de Francisco Gil.
[7] The National Archives. Signatura PROB 11/1373/142.




Diario ABC 1961 

Embarcadero del lago 1900
Último equivalente de 1810 donde Jorge Moore aparece como terrateniente
Archivo Histórico de Elche



Listado de voluntarios de 1808 - Partido de More


Tumba de John Moore en Irlanda






Enlaces de interés:


lunes, 28 de abril de 2014

Un extraño cadáver en El Altet


H 180 1 es la signatura de un expediente que se titula “Diligencias practicadas por la introducción de un cadáver en el término de esta villa partido de las casas de Alted”, y que se guarda en el Archivo Histórico. He de reconocer que he disfrutado con su lectura, es intrigante, misterioso y apasionante, siempre ansioso por saber su sorprendente desenlace. El escrito no tiene nada que envidiar a cualquier novela de intriga histórica, con la gran diferencia de que lo que se cuenta sucedió de verdad.
El expediente comienza la mañana del 5 de septiembre de 1769, en Elche, cuando se tiene noticia de que “han introducido en este término de la ciudad de Alicante un ataud en que suponen se hallava un cuerpo difunto, y que llegado a las cassas del Alted termino de esta villa le han enterrado sin concurrencia de los reverendos sacerdotes de las Parroquias de esta villa ni asistencia del Ministro de Justicia de la misma”.
En este momento se inician los mecanismos judiciales para averiguar lo que ha sucedido, comenzándose a preguntar a todas las autoridades ilicitanas si habían dado permiso para que se enterrase a alguien. Un escribano recorre varios domicilios, pasando entre otros, por la casa de la Calahorra donde habita el señor Alcalde Mayor, informándole de lo sucedido,  preguntado si sabía algo, responde que no tenía la menor noticia.
Tras terminar la indagación inicial se organiza una comitiva encabezada por un Juez y se busca un carruaje que velozmente se dirige a las casas de El Altet, llegando a las cinco menos cuarto de la tarde. El Juez interroga a los vecinos de la zona quedando atónito con las respuestas. El primero de los testigos cuenta como sobre las tres de la madrugada “del día de ayer quatro de los corrientes hacostado a la puerta de su cassa de abitacion oyo grande ruido de carruajes, y haviendose levantado a la novedad vio una galera delante a que seguían seis berlinas”. Otro de los testigos cuenta como vio un ataúd “que haviendole clavado un hombre clavos sobre la tapa le condujeron bajo del pino, y en un oyo que ya estava prevenido le colocaron, y cubrieron con la misma tierra poniendo sobre el citio donde parava la cabeza una grande piedra”.
Preguntó que quienes habían sido los que habían enterrado el cadáver y respondieron que “venían acompañando granaderos, y otros muchos sujetos de quienes asia como principal un sujeto compañero de otro difunto llamado D. Juan”. Debieron de oír como hablaban entre ellos en un idioma extranjero pues manifestaron “sepultan el cuerpo según y como lo acostumbran los de otra nación”.
Lo realmente llamativo del caso era que el enterramiento se había efectuado de madrugada, en un lugar solitario, sin tener aviso las autoridades ilicitanas, asistiendo al funeral tantos hombres de tan alto rango y de nación extranjera, todo realmente muy sospechoso. Pero la gran duda que tenía el Juez era si el cadáver había muerto de forma natural o violenta.
Tras preguntar a los vecinos llega finalmente al lugar del enterramiento y efectivamente a tres pasos de un pino pequeño que estaba a mediodía y levante de una casa se “advierte la tierra algo movida, y asi a lo alto del terreno ay una piedra grande”.
Allí conoce a Francisco Urios y a sus padres quienes le cuentan la verdad de lo sucedido. Quien se hallaba enterrado era Thomas Coxon, Cónsul Inglés en la ciudad de Alicante, que además era el propietario de la casa cercana al pino. Pero no quedó así la cosa, para su sorpresa le contaron que lo habían enterrado junto a la tumba de anterior cónsul fallecido en 1760. Sin esperarlo la comitiva judicial se encontró con todo un cementerio consular británico.
Antes de marcharse ordenó a Francisco Urios que vigilara la tumba y que no permitiera que nadie la tocara. Además mandó que se embargaran los muebles de la casa de los ingleses y su herencia y que quedara en poder del depositario. Realiza un inventario de la casa que estaba compuesto de dos sillas, una poltrona, dos mesas grandes, dos ollas de cobre, dos cazuelas,   seis fuentes, platos … y tras ello la comitiva llega a Elche a las nueve y cuarto de la noche.
Tras aquel día poco a poco se van averiguando mas detalles del asunto al comparecer más testigos y se va averiguando que el Cónsul había muerto de muerte natural, pues llevaba tiempo inapetente, siendo adecuadamente asistido por médicos y cirujanos.
El misterioso don Juan era Juan Wombwell, inglés, un importante negociante establecido en Alicante, quien además era el albacea testamentario del difunto. Parece ser que al enterramiento también asistió Baltasar Sirvent, perteneciente a la Santa Inquisición de Alicante. Así que estando acreditada la muerte natural se absolvió a Wombwell, se levantó el embargo que pesaba sobre los bienes del difunto, y se le condenó a pagar las costas judiciales que ascendían a 267 reales y 2 maravedíes.  
Puerto de Alicante - Siglo XIX
Para entender un poco más el alboroto que se formó hay que conocer el pasado comercial de Alicante. Durante el siglo XVIII el puerto de esta ciudad era uno de los más importantes de España, gracias a su seguridad y al tener una buena comunicación con el interior. Se comerciaba gran cantidad de tonelaje de todo tipo de productos, recibiendo buques de muchas nacionalidades. Se instalaron sociedades francesas, italianas, holandesas, y nórdicas, llegando incluso buques norteamericanos. Una de las colonias mas importantes era la británica y de entre sus sociedades destacaban “Wombel y Cía” (perteneciente al mismo que enterró a Coxon) y “Hacher, Rodd y Cía” que vieron un gran negocio en el comercio del bacalao, un producto de primera necesidad. Cuando estallaba una guerra con Inglaterra este tipo de comercio se paralizaba totalmente, llegando sólo algún que otro barco de bandera danesa. En 1763 finalizó la guerra de los siete años y unos años después estalló la de 1779, con lo cual la relaciones diplomáticas debían de ser muy tensas en aquellos años de entre guerras.     
1781 - La sortie realizado por la guarnición de Gibraltar

Thomas Coxon (que en alguna documentación aparece escrito como Coxen, Copsen, Corson o Copson) tuvo una relación societaria muy estrecha con John Wombwell. Un ejemplo de ello lo tenemos en un expediente judicial donde consta como en 1751 Coxon y Womdwell importan maíz “indio” desde Norfolk (Virginia), pero al congelarse el río se tuvo que posponer el envío a la primavera de 1752.
He intentado averiguar donde se situaba aquella casa de los ingleses, consultando documentación y también preguntando a los vecinos de El Altet, pero me temo que todo quedó en el olvido hace mucho tiempo. De esta rocambolesca historia creo que sólo ha sobrevivido un viejo legajo de hojas.
He de decir que todas las partidas rurales de Elche tienen una gran historia por descubrir y de entre ellas destacaría la de El Altet, sobre la que espero tener la oportunidad de escribir algún día.

Juan Francisco Mollá Agulló



Publicado en la revista El Crisol – Abril 2014

sábado, 1 de febrero de 2014

Lo i Brisó

LO I BRISÓ
En una ocasión alguien me relató una extraña historia que ocurrió hace mucho tiempo. En el Clot de Galvany existió una torre llamada Lo i Brisó que fue propiedad de una adinerada familia de Santa Pola. Por aquella zona también habían otras casas, todas ellas mucho más humildes, habitadas por labradores, donde el único agua potable de que disponían era el de los pozos, los alimentos que comían eran producidos por ellos mismos y la única luz que vieron era la del sol o la del candil. A pesar de ser una zona asilada y muy tranquila, todas las noches, cuando estas familias se iban a dormir, cerraban bien las puertas y ventanas. En ocasiones habían noches distintas a las demás, siempre noches de luna oscura, donde ya muy tarde se oían aterradores aullidos. Al oírlos los vecinos se inquietaban y nadie se atrevía a salir de casa, ni siquiera los hombres armados se atrevían a cruzar el umbral de sus casas. Había que esperar en las camas hasta el amanecer. 
La mencionada casa Brisón debe su nombre a su propietario Jaime Brisón quien la compró en 1711 a Salvador Gosalves y Francisca Esplá por 1030 libras y ya por aquella época fue una de las casas más importantes de la partida de los Balsares y especialmente del Clot de Galvany. 
 Finca Lo i Brisó (al fondo labrando con mula)
Poco sabemos de su propietario, debiendo de ser un oficial del estado mayor de artillería destacado en Alicante. Por su apellido podemos suponer que tenía un origen extranjero pues Brisón procede del Bryson británico o del Brisson francés. Posteriormente la finca perteneció a sus herederos y en 1779 a Mariano Aracil, Regidor Perpetuo de Jijona.
La casa estaba compuesta por una residencia, torre, una hermosa bodega y corral para el ganado. Además tenía una ermita que ciertos estudios arqueológicos recientes la sitúan al otro lado de la laguna de donde se encontraba la casa pero que los vecinos la conocieron situada a doscientos metros en dirección opuesta, hacia la sierra del Cabezó. Tras el terremoto de 1885 se derruyó la fachada de la casa que hubo de ser reconstruida.
En los primeros censos catastrales encontramos que la finca tenía dos tahúllas de olivos, seis de plantados, siete de viña y 607 tahúllas de tierra campa. Aparte de su aprovechamiento agrícola y ganadero durante el siglo XVIII se aprovecharon los grandes pinos que allí se encontraban para uso maderero. 
Como curiosidad contaré que debido a la frecuencia con que se llenaba de agua de lluvia el Clot de Galvañ se hacían intransitables los caminos que lo cruzaban. Por ello los propietarios de la casa tenían a su disposición una barca que les permitía cruzar de lado a lado la laguna en caso de inundaciones y así no quedar incomunicados con Alicante.
La vida de los labradores que vivían en el Clot de Galvany era muy sacrificada pues aquella zona era de secano y las únicas cosechas eran las de trigo y cebada exclusivamente cuando llovía. También había algún que otro olivo y algarrobo y una zona improductiva de saladar. Otro de los inconvenientes del Clot era que en los años de abundantes lluvias los vecinos se marchaban a vivir a otros lugares, especialmente al Cap, huyendo de las enfermedades relacionadas con el agua estancada como el paludismo. Cuando eran años secos se podían quedar en la casa del Clot.
Los labradores compraban lo que necesitaban en Santa Pola o en El Altet, y cuando la ocasión lo requería cogían el carro con la mula y se marchaban a Alicante a comprar otros artículos que habitualmente no se podían comprar en otros lugares. En verano salían hacia la capital rompiendo el amanecer pues se tardaba en carro dos horas y media la ida y la vuelta. 
Preparando las paellas
El lugar era una zona virgen donde lo único que abundaba era la naturaleza, se solía salir a recoger esparto, caracoles serranos, tomillo, rabo de gato, cantahueso, romero y demás bienes que da la sierra de Santa Pola.
En la década de los años 50 estas tierras cambian totalmente su fisonomía cuando pasan a ser de regadío. Este cambio da un gran impulso a los labradores pues les permiten cultivar hortalizas y otros cultivos teniendo la cosecha asegurada. Aquello les proporcionó un gran bienestar.
A comienzo de la década de los 60 la sociedad ETASA arrendó la finca de Lo i Brisó para cultivar tomates con el objetivo de exportarlos. Aquello revulsionó el Clot al cambiar la agricultura tradicional por una agricultura más intensiva y comercial.
Para terminar quisiera dedicar el presente artículo a Manuel Meléndez, quien en muchas ocasiones me regaló su compañía y su conversación, y al que siempre recordaré con agradecimiento y aprecio. En una de ellas me habló de esta casona. Recordaba como de pequeño su abuelo le contaba multitud de historias, como la de aquellos perros que aullaban de noche y que aterrorizaban a los niños y que no eran otra cosa que una señal que sólo los adultos sabían interpretar. Eran las noches de oscuridad total que aprovechaban los contrabandistas para descargar en la playa del Carabassi los fardos de sus barcas y transportar la mercancía ilegal por un camino hasta Lo i Brisó, así cuando los vecinos escuchaban aquel fantasmal aullido era la señal de que no debían de salir de casa para no ser testigos de nada, si es que no querían perder su vida.

Juan F Mollá

Publicado en el Crisol – Enero 2014

TORRE BRISÓ

*Posteriormente a la publicación, conforme se han estudiado los restos arqueológicos, la antigua ermita estaba en un lugar opuesto al indicado en mi artículo.


lunes, 7 de octubre de 2013

El bosque de lobos

Cuando uno levanta la vista del suelo y mira hacia el horizonte ilicitano, seguramente contemplará las peladas sierras, haciendosele un poco difícil pensar que en dichos montes, hace mucho tiempo, existía un frondoso bosque y no lo que hoy existe, la dura piedra caliza, desprovista de vegetación e incluso de tierra.
Hace apenas cuatro siglos una masa vegetal cubría la serranía, un verdadero bosque mediterráneo compuesto por una gran variedad de especies como olmos, pinos, nogales, carrascas, lentiscos, etc…, marcando su distribución las umbrías y solanas, las fuentes de agua, el tipo de suelo y la orografía, dando como resultado un completo ecosistema.
La presión demográfica y los avatares históricos llevaron a su paulatina desaparición, comenzando ésta en el siglo XVII para atender no sólo las necesidades básicas de calentar los hogares o cocinar los alimentos, sino que también como consecuencia de las necesidades de la industria jabonera o la construcción.
Tamarits - Raúl Agulló

Una cosa es suponerlo y otra bien distinta es leer con tus propios ojos la crónica de una deforestación en centenarios legajos. La suposición se convierte en verdadera tristeza al descubrir la desaparición de aquel enorme ecosistema.
Estas zonas forestales albergaban gran cantidad de fauna como ciervos, conejos, cabras, lobos, ardillas, zorros, etc. Los herbívoros comenzaron a escasear a causa de la caza humana y pronto los lobos se veían obligados a atacar a los rebaños. Por ello el Consell de Elche decidió en 1424 pagar “a tot hom estrany o privat qui matara en lo terme de la vila de Elig llops ço es per hun llop axi mascle com femella” cinco sueldos. Ciento sesenta años después se seguía premiando el exterminio del lobo: “un llop trenta sous y de lloba quaranta sous y de lligigada sinquanta sous ab tal que dita lligigada aja de passar de dos llops y si no passara se li done trinta sous”.[1]
Se conserva un procedimiento judicial de finales del siglo XVII que nos cuenta el cómo y el porqué desaparecían los bosques que cubrían las sierras ilicitanas. Existía una prohibición de talar árboles sin la oportuna licencia escrita dada por el gobernador de la villa y marquesado de Elche. Aún así algunos se arriesgaban a hacerlo, como Alonso Sais que tenía arrendadas unas tierras en la Partida de las Vallongas por Felip Sempere. Cuando fue descubierto Sais había construido una serie de hornos para la fabricación de carbón vegetal y talado 80 pinos por lo que fue detenido y llevado cautivo a la Fortaleza del Palacio. Allí confesó que no sólo había realizado esa tala sino que además taló al menos otros 230 robustos pinos en el barranco del Sipres, con troncos tan “grosos com cos y mig de home”, con la ayuda de los hermanos Carlos y Vicent Pomares y Tomás Brotons. Se le pregunto el porqué lo había hecho a pesar de la prohibición y éste manifestó que pidió permiso al dueño de la propiedad que se la dió para dejar limpia su finca y que el carbón lo vendió a las poblaciones vecinas.


Troncos ladera Vinalopó

Las talas las realizó a pesar de las advertencias de vecinos quienes le dijeron: “homes, ven en cuydado perquè axò no es pot fer sens llicència del governador y tenirla en el bolso”.
El proceso continuó y los alguaciles detuvieron a Carlos Pomares, pero su hermano Vicent, que vivía en las Vallongas, logró escapar. Cuando se presentaron en la casa de Tomás Brotons para detenerlo, que vivía en Elche, sólo encontraron a su mujer quien les dijo que hacía 21 días que no paraba por casa.[2]
Durante todo el siglo XVIII la presión humana iba en aumento y en consecuencia la necesidad de aprovechar los recursos forestales y las tierras para usos ganaderos y agricolas.
Es curioso pero uno de los expedientes conservados se redactó con la intención de contabilizar la gran cantidad de denuncias e incidentes que se sucedían con los alicantinos por su paso de la frontera para aprovecharse de los recursos naturales ilicitanos.
No se libra ni una sola de las partidas rurales fronterizas con Alicante, siendo prácticamente siempre los mismos incidentes: incendios intencionados, tala de árboles, entrada de rebaños, desmonte de tierras para labranza, hurto de garbas y cosechas…
Como selección de ejemplos diré que en lo que fue Partida de Saladas, en lo que hoy conocemos como Fondo dels Piñols, Gregorio Piñol y sus hijos colonizaron el lugar dando lugar en 1738 a todo tipo de denuncias, cortó los pinos, desmontó tierras sin licencia, incendió el monte y para rematar oculto cosechas para no pagar impuestos.
En la partida de Torrellano también en 1738 se denunció a “siertos hombres que entravan haciendo leña en el Portichuelo”.  En 1742 se taló parte de la sierra Sancho.
En los Balsares, en 1752, encontraron cortados “pinos en la sierra del puerto y su falda a la parte de mediodía del oyo de Galvany y salida del barranco de las mugeres”.
La partida del Altet tampoco se libra y en 1738 encontraron “dos hombres que estavan cargando de leña una galera en el partido de las casas del Altet llamado el uno Antonio Guill”, o como en 1741 encontraron a varios vecinos de Alicante “serca del partido de la Seineta con cavalgaduras cargadas de leña de pino que conducían a otra ciudad”.[3]
Un caso de rotulación ilegal en la partida de Santa Ana lo tenemos en 1731 cuando Juan Nadal desmonta y labra una porción de terreno que estaba cubierto de lentiscos y coscollas (sus bellotas eran importantes para el ganado) para plantar barrilla (con la que se creaba la sosa para la fabricación de jabón).[4]  
Algunas mentes lúcidas veían venir lo peor: no quedaría nada de leña que era la única fuente energética de la que disponían. La solución era intentar conservar lo que quedaba y repoblar de árboles las sierras perdidas.
Sin duda la sierra mas importante de todas ellas era la de Santa Pola, en aquella época llamada del Puerto, que era aprovechada por todos lo vecinos como zona comunal, pero que a quienes pronto les prohibieron entrar a pesar de estar en "pocessió inmemorial la dita vila y sos vehins de tallar lleña en la Serra dita del Port, terme de dita vila, y voler-los-o prohibir los procuradors general que han estar en aquella". Reseñar que gran parte del aprovechamiento lo hacía gente humilde que no disponía de más recursos que los comunales.
La extracción de madera era tan grande que en un año se autorizaron a cortar 184 toneladas de leña, esto alarmó a ciertos cargos públicos que en un informe manifestaron que "en quatro o cinco años se extermine el dicho Monte, según su estado, lo que me a parecido de mi obligación poner en la noticia de V.E. para que se digne tomar las providencias que tenga por conveniente". En 1773 el Intendente del Ministerio de la Marina da por acabado su aprovechamiento forestal escribiendo: "el continuado corte de maderas y leñas ha despoxado y talado el referido monte de lo poblado y abundante que se hallava".[5]
A finales del siglo XVIII ya poco quedaba y así lo reflejó el botánico José A. Cavanilles en su libro “Observaciones sobre la historia natural del Reino de Valencia”: “lomas y gargantas sin cultivo, sin árboles y casi sin arbustos por mas de una legua hasta Carrús. Nótandose aquí pinos robustos y elevados en un terreno semejante al que precedió desnudo; porque en Carrús hay guardas que atienden á la conservación y cria de los árboles. Si los hubiera para los cerros actualmente desarbolados, muy pronto habría leña, tan escasa hoy en aquel recinto, que los naturales arrancan hasta las raíces de los pocos arbustos que se hallan”.
Inicialmente cada vez que desaparecía una pequeña parte del bosque primario la misma naturaleza se encargaba de recuperar esa porción, pero la continuada sobre explotación llevó a que no se permitiera la regeneración natural de los montes y la erosión se encargó de una perdida paulatina de los suelos vegetales que los cubrían, produciendo finalmente un paisaje desértico.
http://www.yporquenounblog.com/2009/04/cavanilles-y-elche-en-el-dia-de-la.html
Las autoridades realizaron varios intentos de reforestar las montañas y el campo con álamos, nogales, carrascas y pinos.
Ejemplos de ello los tenemos en 1771 cuando se intentó la búsqueda de piñones para la siembra del monte de Santa Pola, tres hombres buscaron y no encontraron, a pesar de haber encontrado algún pino pero éstos ya habían sacudido el piñón. Ese mismo año encontraron en las Vallongas un lugar idóneo para plantar un nuevo vivero de nogales por estar resguardado del aire y  abastecido de agua. Al año siguiente se pudieron sacar del viejo vivero ciento cuatro nogales que fueron entregados a los vecinos del campo.[6]
En 1847 el Comisario de Montes de la Provincia ordenó mediante providencia que se sembrase de piñón y bellota los montes de la villa, los cuales fueron numerados, y que cada cuatro años fueran plantados por el orden designado, así los primeros fueron la sierra Gorda y Larga, los segundos Carrús y Peña de las Águilas, a continuación y por este orden Santa Ana y Saladas, Pedreras y Ferriol, Casa Blanca y Rápita, El Molar, Portichuelo y Sancho, Altet y Carabassí y finalmente Santa Pola.[7]
Sirvan estos breves apuntes para divulgar la existencia de un bosque que desgraciadamente no ha llegado a nuestros días. Milagrosamente el bosque de palmeras sobrevivió, en nuestras manos está concienciarnos del valor de lo que tenemos y de nuestro deber de conservarlo.
Publicado en la revista El Crisol 10/10/2013 







[1] “Acoso y exterminio del lobo en tierras del Vinalopó”. Gonzalo Martínez Español.
[2] “La llengua catalana a Elx al segle XVII”. Tesis doctoral Mª Antonia Cano i Ivorra.
[3] Archivo Histórico de Elche, Signatura H 43 25.
[4] Archivo Histórico de Elche, Signatura H 15 4.
[5] “Documents per a la història d´Elx”. Carmen Blasco García y otros.
[6] “La industria, el comercio y la agricultura en Elche”. Alejandro Ramos Folqués.
[7]  Libro de Cabildos de 11 de octubre de 1847.

lunes, 9 de julio de 2012

"GREGORIO PIÑOL I ELS MOLLONS DELS COLLONS"


Vaig a contar-los la veritable història d'un senzill pastor, Gregorio Piñol, que vivint tranquil·la i afablement amb la seua aguerrida esposa, en un apartat lloc, molt lluny de viles i ciutats, es va trobar de cop i volta embolicat en un assumpte d'estat, en una guerra territorial sense caserna. Es lliurava per un tros de terra cridada el Fondo dels Piñols que en aquella època tenia una gran importància econòmica.
Sospite que el matrimoni Piñol Almela mai en la seua vida va veure i va rebre en la seua humil casa a tanta gent i de tan alt rang polític, judicial i militar com aquells dies del ressec 1.773, sent la causa de tan enorme avalot una enorme pedra.
Per a entendre els successos cal remuntar-se diversos segles arrere quan entre Elx i Alacant va haver multitud de disputes territorials per unes terres frontereres entre ambdós termes, concretament la línia que va des del mar, passant pel Portitxol, la serra Sancho, la Partida de Santa Ana, la Partida de la Torrosella, arribant al Rebolledo. Es van succeir en el temps una sèrie de plets per la possessió de la zona, i encara que no l'hi creen en aquells temps existien en ella extenses pastures, creuant-les una sèrie de cañades i bugades per on passaven grans ramats.
El lloc era important per dos motius, pels impostos que es cobraven per elles i sobretot per que el posseir el lloc donava dret sobre els ramats que pastaben, i això significava una abundància o una manca de carn, el que incidia en el seu preu. Un preu molt alt podia suposar fam per a aqueix municipi, especialment en èpoques de sequera.
Ja a mitjan segle XVII, Antoni Ferrer, Sindique Procurador d'Alacant, manifestava que "la major part dels mollons que dividixen los referits termens estiguen derruits y altres tan arroinats" que han producido "moltes discordies de molt mala consequencia entre uns y altres vehins y habitadors y cada día es troben en ocasions de experimentar-se grans inconvenients". El cas és que els alacantins arrancaven freqüentment les fites per a aprofitar les terres que havien a l'altre costat de la línia divisòria creant una gran confusió sobre la veritable línia i els drets de pastura sobre la zona, considerant-se que la superfície sostreta era al voltant de dues llegües per tres quarts de llegua, justament els millors pasturatges.
En diverses ocasions es va intentar demarcar definitivament el territori però no va haver resultat, iniciant-se un procés judicial en 1772 per a resoldre definitivament el tema. L'assumpte estava tan aferrissat que fins i tot el rei Carlos III va haver de manar que la comissió executòria que devia decidir sobre el terreny el traçat de la línia divisòria no podia residir ni a Elx ni a Alacant, sinó que en una població independent, tot això per a evitar suspicàcies, corrupteles o pressions als comissionats. A l'any següent ja s'havia resolt però la sentència no va agradar a ningú pel que va ser apel·lada per ambdues parts.
És així com arribem al dia 11 de març de 1773, entre les 11 i les 12 del matí, en una lloma confrontant a la cañada de Gregorio Piñol, on es van presentar diverses galeres arrosegades per mules i en una d'elles portaven una enorme pedra. Sobre elles venien cinc homes, el cap semblava que era un picapedrer cridat Chapuli acompanyat per un oficial cridat el Majo. Es van presentar a casa d'Isidro i Vicente Pérez i els van preguntar a aquests on devien posar la pedra que seria la nova fita dels dos municipis, al que van respondre que no ho sabien i que li preguntaren a Gregorio Piñol. Van manar cercar al tal Piñol qui poc temps després va arribar juntament amb la seua esposa, Antonia Almela. A aquest li van preguntar on havia estat dies abans el Jutge per a posar la fita. Sorprenentment per a tots la sra. Almela, a qui no li havien preguntat i pel que es veu dona de molt caràcter, els va respondre enèrgicament que la pedra no l'havien de posar allí, que on devien fer-lo era en la Serra del Sancho on ha estat i estava la vella fita. Estupefactes amb la contestació de la dona novament van tornar a formular-li la pregunta a l'espòs. Aquest els va indicar el lloc, però els va advertir que els d'Elx no havien consentit que es posara allí. Els cinc alacantins van decidir posar precisament allí la nova fita. Per a això van pujar la galera pel pas del Bou, i lloma dalt van arribar al lloc indicat, van obrir un clot i van fixar en ell "un mojón de piedra de bastante altura y divisa", seguidament es van retirar a la casa dels Pérez, on van anar a cercar dos cabassos de mortera i dos cantaros plens d'aigua que els van carregar en un ruc, prevenint Chapulí que mentre tornaven es feren coques i gaspatxos per a menjar tot el grup. Faena feta.
La notícia de l'aparició de la fita va córrer com la pólvora causant gran estupor entre les autoritats il·licitanes, doncs entenien que "ni en la sentencia del Comisionado, ay prevencion para que se ponga mojón en la lomas del Portichuelo, frente la Hazienda de Piñol, ni en el señalamiento de hizo el Juez en días pasados lo indicó tampoco" a més entenien que com ambdues parts havien apel·lat la sentència aquesta no devia executar-se fins a una nova resolució en una instància superior. Igualment entenien que l'actitud d'Alacant "evidencia el atentado que se ha cometido" al "haver puesto y fixado clandestinamente un mojón en citio no destinado, ni prevenido en la sentencia" "sin providencia del Señor Juez Comisionado" i per això "dan cuenta al Tribunal de la Superioridad correspondiente y castigo a los culpables", "se proceda a la averiguación de los expresados sucesos examinando y resibiendo los testigos Gregorio Piñol, y demás que sepan y tengan noticia de la operación" i "hagan las preguntas y repreguntas convenientes a clarificar la verdad de los autores".
Ràpidament es van adoptar les mesures necessàries per a contraatacar. Entre les 8 i les 9 del matí de l'endemà, dia 12, va eixir d'Elx una il·lustre i impetuosa comitiva composta per l'Alcalde major i ordinari, tropa militar, alguacils i escribans, i es van dirigir a la Torrosella, on van arribar a les 11 del matí. Després d'examinar el territori i per al seu alleugeriment no van trobar fita alguna, però si que havien "dos fitas pequeñas fixadas en terreno de la Cañada de Pavia que salían sobre la superficie de la tierra poco menos de un palmo, sin estar fixadas con ningun genero de material", però això no suposava cap perill doncs van entendre que eren simples senyals. La comitiva va continuar fins al caseriu de Gregorio Piñol, on van veure amb els seus propis ulls la nova fita, això si que els va indignar però fins a la medul·la.
Van prendre declaració als testimonis, el primer, Gregorio Piñol, de seixanta anys d'edat, qui va jurar ""por Díos nuestro Señor y una señal de la Cruz" que "cinco hombres que estavan poniendo un mojón, enfrente de la misma Cañada, y citio donde jamas lo ha havido, ni conosido, siendo assi que en este paraje ha nacido, se ha criado, en compañia de sus padres", a més li van preguntar una infinita de coses i finalment "no firmó por que dijo no saber, lo que hicieron sus mercedes". En tot el procés van atestar altres veïns com Gregorio Piñol Almela (fill de l'anterior), Antonio Niñoles de Ferran, Joseph Graner de Borreguero, Juan Bautista Javaloies i Francisco Maciá de Garch, qui van patir l'exhaustiu interrogatori de rigor.
Es va requerir l'assistència d'un mestre picapedrer, Joseph Vidre, i d'un mestre albañil, Juan Martínez, qui com perits experts devien testimoniar detalladament com era la pedra, com estava subjecta i on estava situada. "Los referidos señores Jueces, con asistencia de los infrascritos escribanos y en concurso de los expresados peritos albañil y cantero" van pujar a "la loma que sigue al Portichuelo de Alicante, entre las Cañadas de tituladas de Perez al medio día y la de Gregorio Piñol a la tramontana haciendo frente a un paso, o Cordel de ganado de la del mismo Piñol, que está al medio día de la Sierra del Sancho". Seguidament els professionals de la matèria van procedir a la demolició de la pedra i a la seua autòpsia, "estava fixado dos palmos y un quarto en la Loma, con lecho de cal y arena, tomado por todos sus extremos con el mismo material", fet de pedra almendrón, tenint una longitud de poc més de set pams i una circumferència de dos pams. Van cobrir finalment el clot de la lloma amb terra de la mateixa. L'audiència es va retirar a la casa de Gregorio on van menjar. Sobre les 15 hores arriba la galera propietat de Thomas Piñol, veí de Salades, i en presència de Jutges, Sindique Procurador General i altres gents que havien arribat de la Torrosella aqueixa mateix matí, van carregar la pedra com "cuerpo del delito, se conduzca a la Villa de Elche, para los efectos que convengan a la Administración de Justicia". El fet va causar gran alegria entre els presents, tornant a casa amb la satisfacció de la missió complida. Faena desfeta.
Com curiositat contaré que amb posterioritat a la col·locació de la fita, les autoritats alacantines van decidir enviar a un escriba perquè donara fe de la col·locació de la mateixa, però quan aquest va arribar al lloc va quedar horroritzat al trobar que la pedra havia desaparegut i que en el lloc "havia un gran concurso de gentes, y eran los alcaldes Mayor y Ordinario de la villa de Elche, con algunos capitulares de su Ayuntamiento, alguaciles auxiliados de tropas del regimiento de cavallería de la reyna" qui li van manifestar amb tarannà que el molló "se lo llevavan a la plaza de Elche para memoria". Si li punxen no li ix sang.
La veritat és que l'alegria va durar bé poc, doncs els il·licitans van descobrir incréduls que el dia 14 de març, on abans havien unes fites en la Torrosella, ara havia una pedra encara més gran que el del Portitxol.
Sent les 2 del matí del 3 d'abril de 1773 va ixir una comitiva encapçalada per l'Alcalde Major i Ordinari, el regidor Joseph Miralles, assistits per escribans, el perit picapedrer sr. Vidre, alguacils, guardes de forestals i acompanyant-los una galera llençada per tres mules. Van llegar a les 5 del matí al partit de la Torrosella, albirant la nova fita on abans estaven les fites vistes el dia 12 de març. S'arranca la fita de pedra forta cridada berroqueña (pur granit), de set pams de llarg i diversos dits, per dos pams d'espessor. Es carrega, i ixen a les 6 del matí arribant A Elx a les 10 del matí. Com veem un pla astut i sofisticat, com el primer.
Però en aquesta ocasió em pregunte: Per què van tardar tants dies a traure la fita, amb les presses i ímpetu que es van donar amb l'anterior? van intentar esgotar les vies diplomàtiques? per que ho van fer a eixes hores tan intempestives? potser fora perquè no tenien la suficient convicció legal per a fer-lo?.
Les dues fites es van dipositar judicialment i els van posar un guàrdia cridat Geronimo Montalvo, però quedava per saber una última i important qüestió, i per a esbrinar-la se li encarrega a Joseph Falcó de María, de professió "fiel de la romana", tal dificultosa missió. Se li va lliurar les dues pedres i amb una romana va procedir a pesar-les: per exemple, la del Portictxol va pesar quaranta-quatre arroves valencianes (572 quilos, com un toro).
La qüestió va seguir amb mes acusacions i mes pleits, però el resultat és el que conta, i ara per ara la boga d'ambdós termes passa en línia recta del Portitxol a la Sierra Sancho i d'allí a la Torrosella. Alacant va perdre en les seues pretensions sobre el punt d'eixida de la frontera, el Portitxol i el Fondo dels Piñols (avui partida de Torrellano Alt, en aquells anys partida de Salades), però es va eixir amb la seva referent a gran part de la Partida del Rebolledo (antiga Venta de Pavia), una part de la Partida de Santa Ana, i les basses de Topulí, tan necessàries en aquells temps per al bestiar i que pertanyien als il·licitans des de temps immemorial. No va ser l'única cosa que va perdre, al llarg del temps Elx solia perdre territori en benefici d'Alacant, la illa de Tabarca o els saladars de Aiguamarga són un exemple, però sempre es va mantenir ferm quant al Portitxol.
Dels protagonistes d'aquells dies només un nom ha passat a la història: Lorenzo Chápuli, que va anar un conegut arquitecte i mestre picapedrer destacant, entre les seues moltes obres, l'esplèndid Ajuntament d'Alacant o la bella capella de la Comunió de Santa María d'Elx. Home de fort caràcter va tenir mes d'un desencontre amb les autoritats alacantines i il·licitanes, per lliuraments fora de termini, quantitats degudes, desacords en el projecte, arribant fins i tot als tribunals, on solia perdre.
I ací acaba aquesta curiosa història. Des d'aqueix dia va augmentar àdhuc mes si cap l'amor entre ambdues poblacions, fonent-se en un amigable i eterna abraçada que dura fins als nostres dies. Però què pensaria realment Gregorio de tot açò? quina preocupació ocupava la seua ment?: quasi sense por a equivocar-me diria que la seua major preocupació van deure ser les seues cabres i les seues ovelles.
En els anys 1772 i 1773 es va patir una gran sequera, fins i tot l'Ajuntament va acordar "se saque en rogativa a María Santísima de la Asumpción" si "prosigue la esterilidad y el justo enojo de Dios nuestro Señor, de forma que quasi se halla en perdición los sembrados y claman los labradores", devent escassejar les pastures i l'aigua per als ramats (la sequera va ser tan dura i va afectar a tants països que es diu que es podia creuar el Danubi a peu).
Probablement li portarien sense cura totes aquelles infantils maniobres polítiques que per uns dies li va fer estar al cim, sent ho realment important per a ell, els seus fills, el seu temperamental Antonia, i la terra on vivia, doncs era el seu mitjà de vida i sustente.
Juan Francisco Mollá Agulló
Article publicat en el Llibret de Festes de Torrellano de l'estiu de 2.012

_______________________________________________________
GREGORIO PIÑOL I ELS MOLLONS DELS COLLONS

Voy a contarles la verdadera historia de un sencillo pastor, Gregorio Piñol, que viviendo tranquila y apaciblemente con su aguerrida esposa, en un apartado lugar, muy lejos de villas y ciudades, se encontró de repente envuelto en un asunto de estado, en una guerra territorial sin cuartel. Se libraba por un trozo de tierra llamada el Fondo dels Piñols que en aquella época tenía una gran importancia económica.



Sospecho que el matrimonio Piñol - Almela jamás en su vida vio y recibió en su humilde casa a tanta gente y de tan alto rango político, judicial y militar como aquellos días del reseco 1.773, siendo  la causa de tan enorme alboroto una enorme piedra.
 
Para entender los sucesos hay que remontarse varios siglos atrás cuando entre Elche y Alicante hubo multitud de disputas territoriales por unas tierras fronterizas entre ambos términos, concretamente la línea que va desde el mar, pasando por el  Portichol, la sierra Sancho, la Partida de Santa Ana, la Partida de la Torrosella, llegando al Rebolledo. Se sucedieron en el tiempo una serie de pleitos por la posesión de la zona, y aunque no se lo crean en aquellos tiempos existían en ella extensos pastos, cruzándolas una serie de cañadas y coladas por donde pasaban grandes rebaños.
El lugar era importante por dos motivos, por los impuestos que se cobraban por ellas y sobre todo por que el poseer el lugar daba derecho sobre los rebaños que pastaban, y ello significaba una abundancia o una carencia de carne, lo que incidía en su precio. Un precio muy alto podía suponer hambre para ese municipio, especialmente en épocas de sequía.
Ya a mediados del siglo XVII, Antoni Ferrer, Sindico Procurador de Alicante, manifestaba que "la major part dels mollons que dividixen los referits termens estiguen derruits y altres tan arroinats" que han producido "moltes discordies de molt mala consequencia entre uns y altres vehins y habitadors y cada día es troben en ocasions de experimentar-se grans inconvenients".  El caso es que los alicantinos arrancaban frecuentemente las fitas para aprovechar las tierras que habían al otro lado de la línea divisoria creando una gran confusión sobre la verdadera línea y los derechos de pasto sobre la zona, considerándose que la superficie sustraída  era alrededor de dos leguas por tres cuartos de legua, justamente los mejores pastizales.

En varias ocasiones se intentó demarcar definitivamente el territorio pero no hubo resultado, iniciándose un proceso judicial en 1772 para resolver definitivamente el tema. El asunto estaba tan enconado que incluso el rey Carlos III tuvo que mandar que la comisión ejecutoria que debía de decidir sobre el terreno el trazado de la línea divisoria no podía residir ni en Elche ni en Alicante, sino que en una población independiente, todo ello para evitar suspicacias, corruptelas o presiones a los comisionados. Al año siguiente ya se había resuelto pero la sentencia no agradó a nadie por lo que fue apelada por ambas partes.
Es así como llegamos al día 11 de marzo de 1773, entre las 11 y las 12 de la mañana, en una loma colindante a la cañada de Gregorio Piñol, en donde se presentaron varias galeras tiradas por mulas y en una de ellas traían una enorme piedra. Sobre ellas venían cinco hombres, el jefe parecía que era un cantero llamado Chapuli acompañado por un oficial llamado el Majo. Se presentaron en casa de Isidro y Vicente Pérez y les preguntaron a éstos donde debían de poner la piedra que sería el nuevo lindero de los dos municipios, a lo que respondieron que no lo sabían y que le preguntaran a Gregorio Piñol. Mandaron buscar al tal Piñol quien poco tiempo después llegó junto con su esposa, Antonia Almela. A éste le preguntaron donde había estado días antes el Juez para poner el mojón. Sorprendentemente para todos la sra. Almela, a quien no le habían preguntado y por lo que se ve mujer de mucho carácter, les respondió enérgicamente que la piedra no la habían de poner allí, que donde debían de hacerlo era en la Sierra del Sancho donde ha estado y estaba el viejo mojón. Estupefactos con la contestación de la mujer nuevamente volvieron a formularle la pregunta al esposo. Éste les indicó el lugar, pero les advirtió que los de Elche no habían consentido que se pusiera allí. Los cinco alicantinos decidieron poner precisamente allí el nuevo mojón. Para ello subieron la galera por el paso del Bou, y loma arriba llegaron al sitio indicado, abrieron un hoyo y fijaron en él "un mojón de piedra de bastante altura y divisa", seguidamente se retiraron a la casa de los Pérez, donde fueron a buscar dos capazos de mortera y dos cantaros llenos de agua que los cargaron en una burra, previniendo Chapulí de que entre tanto volvían se hicieran tortas y gazpachos para comer todo el grupo. Faena feta.
La noticia de la aparición del mojón corrió como la pólvora causando gran estupor entre las autoridades ilicitanas, pues entendían que "ni en la sentencia del Comisionado, ay prevencion para que se ponga mojón en la lomas del Portichuelo, frente la Hazienda de Piñol, ni en el señalamiento de hizo el Juez en días pasados lo indicó tampoco" además entendían que como ambas partes habían apelado la sentencia ésta no debía de ejecutarse hasta una nueva resolución en una instancia superior. Igualmente entendían que la actitud de Alicante "evidencia el atentado que se ha cometido" al "haver puesto y fixado clandestinamente un mojón en citio no destinado, ni prevenido en la sentencia" "sin providencia del Señor Juez Comisionado" y para ello "dan cuenta al Tribunal de la Superioridad correspondiente y castigo a los culpables", "se proceda a la averiguación de los expresados sucesos examinando y resibiendo los testigos Gregorio Piñol, y demás que sepan y tengan noticia de la operación" y "hagan las preguntas y repreguntas convenientes a clarificar la verdad de los autores".



Galera


Rápidamente se adoptaron las medidas necesarias para contraatacar. Entre las 8 y las 9 de la mañana del día siguiente, día 12, salió de Elche una ilustre e impetuosa comitiva compuesta por el Alcalde mayor y ordinario, tropa militar, alguaciles y escribanos, y se dirigieron a la Torrosella, donde llegaron a las 11 de la mañana. Tras examinar el territorio y para su alivio no encontraron mojón alguno, pero si que habían "dos fitas pequeñas fixadas en terreno de la Cañada de Pavia que salían sobre la superficie de la tierra poco menos de un palmo, sin estar fixadas con ningun genero de material", pero eso no suponía ningún peligro pues entendieron que eran simples señales. La comitiva continuó hasta el caserío de Gregorio Piñol, donde vieron con sus propios ojos el nuevo mojón, eso si que les indignó pero hasta la médula.
Tomaron declaración a los testigos, el primero, Gregorio Piñol, de sesenta años de edad, quien juró "por Díos nuestro Señor y una señal de la Cruz" que "cinco hombres que estavan poniendo un mojón, enfrente de la misma Cañada, y citio donde jamas lo ha havido, ni conosido, siendo assi que en este paraje ha nacido, se ha criado, en compañia de sus padres", además le preguntaron un sin fin de cosas y finalmente "no firmó por que dijo no saber, lo que hicieron sus mercedes". En todo el proceso testificaron otros vecinos como Gregorio Piñol Almela (hijo del anterior), Antonio Niñoles de Ferran, Joseph Graner de Borreguero, Juan Bautista Javaloies y Francisco Maciá de Garch, quienes sufrieron el exhaustivo  interrogatorio de rigor.
Se requirió la asistencia de un maestro cantero, Joseph Vidre, y de un maestro albañil, Juan Martínez, quienes como peritos expertos debían de testimoniar detalladamente como era la piedra, como estaba sujeta y donde estaba situada.  "Los referidos señores Jueces, con asistencia de los infrascritos escribanos y en concurso de los expresados peritos albañil y cantero" subieron a "la loma que sigue al Portichuelo de Alicante, entre las Cañadas de tituladas de Perez al medio día y la de Gregorio Piñol a la tramontana haciendo frente a un paso, o Cordel de ganado de la del mismo Piñol, que está al medio día de la Sierra del Sancho". Seguidamente los profesionales de la materia procedieron a la demolición del pedrusco y a su autopsia, "estava fixado dos palmos y un quarto en la Loma, con lecho de cal y arena, tomado por todos sus extremos con el mismo material", hecho de piedra almendrón, teniendo una longitud de poco más de siete palmos y una circunferencia de dos palmos.  Cubrieron finalmente el hoyo de la loma con tierra de la misma. La audiencia se retiró a la casa de Gregorio donde comieron. Sobre las 15 horas llega la galera propiedad de Thomas Piñol, vecino de Saladas, y en presencia de Jueces, Sindico Procurador General y demás gentes que habían llegado de la Torrosella esa misma mañana, cargaron el pedrolo como "cuerpo del delito, se conduzca a la Villa de Elche, para los efectos que convengan a la Administración de Justicia". El hecho causó gran alegría entre los presentes, volviendo a casa con la satisfacción de la misión cumplida. Faena desfeta.
Como curiosidad contaré que con posterioridad a la colocación del mojón, las autoridades alicantinas decidieron enviar a un escribano para que diera fe de la colocación del mismo, pero cuando éste llegó al lugar quedó horrorizado al encontrar que la piedra había desaparecido y que en el lugar "havia un gran concurso de gentes, y eran los alcaldes Mayor y Ordinario de la villa de Elche, con algunos capitulares de su Ayuntamiento, alguaciles auxiliados de tropas del regimiento de cavallería de la reyna" quienes le manifestaron con talante que el mojón "se lo llevavan a la plaza de Elche para memoria". Si le pinchan no le sale sangre.
La verdad es que la alegría duró bien poco, pues los ilicitanos descubrieron incrédulos que el día 14 de marzo, donde antes habían unas fitas en la Torrosella, ahora había un mojón aún más grande que el del Portichol.
Siendo las  2 de la mañana del 3 de abril de 1773 salio una comitiva encabezada por el Alcalde Mayor y Ordinario, el regidor Joseph Miralles, asistidos por escribanos, el perito cantero sr. Vidre, alguaciles, guardas de monte y acompañándoles una galera tirada por tres mulas. Legaron a las 5 de la mañana al partido de la Torrosella, divisando el nuevo mojón donde antes estaban las fitas vistas el día 12 de marzo. Se arranca el mojón de piedra fuerte llamada Berroqueña (puro granito), de siete palmos de largo y varios dedos, por dos palmos de espesor. Se carga, y salen a las 6 de la mañana llegando a Elche a las 10 de la mañana. Como vemos un plan astuto y sofisticado, como el primero.
Pero en esta ocasión me pregunto: ¿Por qué tardaron tantos días en sacar el mojón, con las prisas y ímpetu que se dieron con el anterior? ¿intentaron agotar las vías diplomáticas? ¿por qué lo hicieron a esas horas tan intempestivas? ¿quizás fuera porque no tenían la suficiente convicción legal para hacerlo?.
Los dos mojones se depositaron judicialmente y les pusieron un guardia llamado Geronimo Montalvo, pero quedaba por saber una última e importante cuestión, y para averiguarla se le encarga a Joseph Falcó de María, de profesión "fiel de la romana", tal dificultosa misión. Se le entregó las dos piedras y con una romana procedió a pesarlas: por ejemplo, la del Portichol pesó cuarenta y cuatro arrobas valencianas (572 kilos, como un toro).
La cuestión siguió con mas acusaciones y mas pleitos, pero el resultado es lo que cuenta, y hoy por hoy el linde de ambos términos pasa en línea recta del Portichol a la Sierra Sancho y de allí a la Torrosella. Alicante perdió en sus pretensiones sobre el punto de salida de la frontera, el Portichol y el Fondo dels Piñols (hoy partida de Torrellano Alto, en aquellos años partida de Saladas), pero se salió con la suya en lo referente a gran parte de la Partida del Rebolledo (antigua venta de Pavia), una parte de la Partida de Santa Ana, y las balsas de Topulí, tan necesarias en aquellos tiempos para el ganado y que pertenecían a los ilicitanos desde tiempo inmemorial. No fue lo único que perdió, a lo largo del tiempo Elche solía perder territorio en beneficio de Alicante, la isla de Tabarca o los saladares de Aguamarga son un ejemplo, pero siempre se mantuvo firme en cuanto al Portichol.
De los protagonistas de aquellos días me temo que sólo un nombre ha pasado a la historia: Lorenzo Chápuli, que fue un afamado arquitecto y maestro cantero destacando, entre sus muchas obras, el espléndido Ayuntamiento de Alicante o la hermosa capilla de la Comunión de Santa María de Elche. Hombre de fuerte carácter tuvo mas de un desencuentro con las autoridades alicantinas e ilicitanas, por entregas fuera de plazo, cantidades debidas, desacuerdos en el proyecto, llegando incluso a los tribunales, donde solía perder.
Y aquí acaba esta curiosa historia. Desde ese día aumentó aun mas si cabe el amor fraternal entre ambas poblaciones, fundiéndose en un amigable y eterno abrazo que dura hasta nuestros días. Pero ¿qué pensaría realmente Gregorio de todo esto? ¿qué preocupación ocupaba su mente?: casi sin miedo a equivocarme diría que su mayor preocupación debieron de ser sus cabras y sus ovejas.
En los años 1772 y 1773 se sufrió una gran sequía, incluso el Ayuntamiento acordó "se saque en rogativa a María Santísima de la Asumpción" si "prosigue la esterilidad y el justo enojo de Dios nuestro Señor, de forma que quasi se halla en perdición los sembrados y claman los labradores", debiendo de escasear los pastos y el agua para los rebaños (la sequía fue tan dura y afectó a tantos países que se dice que se podía cruzar el Danubio a pie).
Probablemente le traerían sin cuidado todas aquellas infantiles maniobras políticas que por unos días le hizo estar en el candelero, siendo lo realmente importante para él, sus hijos, su temperamental Antonia, y la tierra donde vivía, pues era su medio de vida y sustento.

Juan Francisco Mollá Agulló

Artículo publicado en el Llibret de Festes de Torrellano del verano de 2.012

El presente relato ha basado en los fondos del Archivo Histórico de Elche y en el libro Mª Carmen Dueñas Moya "Territorio y jurisdicción en Alicante: el término general durante la Edad Moderna"