jueves, 14 de julio de 2016

El Conde de Torrellano

Este año se cumplen los 300 años desde la concesión por el emperador Carlos VI del título de Conde de Torrellano a don Juan Vaillo de Llanos. Obtenerlo no le fue nada fácil, para ello tuvo que involucrarse en una cruenta guerra que le costó su patrimonio y un frio exilio. El presente artículo pretende aportar algo de luz sobre las vicisitudes y vivencias aquel primer Conde de Torrellano.


Para entender su destino hay que recordar el origen y el discurrir histórico de su linaje. En un principio se apellidaban Ruiz de Llanos, pero eran conocidos como simplemente Llanos. Así tenemos como en el archivo de Santa María de Elche se conserva el árbol genealógico de la familia donde el primer miembro que aparece es Martín Ruiz de Llanos, de origen burgalés. El apellido cambió con el enlace de Juan Alonso Vaillo, natural de Cebolleros, jurisdicción de Frías (Burgos), con María de Llanos, y es en este momento cuando sus descendientes comienzan a apellidarse Vaillo de Llanos, obteniendo la hidalguía de sangre en el Reino de Valencia en el año 1587.

Llegaron a Elche en algún momento del siglo XVI, ocupándose de la administración municipal, lo que les permitió obtener diversos privilegios militares y la condición de caballeros. Pronto se emparentaron con las grandes familias ilicitanas mediante una serie de matrimonios. Eran tiempos en que las prioridades estaban claras, poco importaban los individuos, lo más importante era engrandecer el linaje.
En 1618 Pedro Vaillo de Llanos creó un mayorazgo o vínculo que consistía en unir para siempre el patrimonio familiar y que de esta forma no se pudiese fraccionar ni vender jamás. Juan Vaillo de Llanos y Ferrer nace en Alicante en el año 1688 y por sus derechos sucesorios hereda el vínculo fundado por su tatarabuelo, que previamente fue ampliado en 1639 por Tomás de Llanos.
En 1700 muere sin descendencia el rey Carlos II y España se encuentra con dos pretendientes al trono para sucederle, uno era el francés Felipe de Borbón (futuro Felipe V) y el otro el Archiduque Carlos de Austria (futuro Carlos VI del Sacro Imperio), iniciándose la guerra de sucesión.
Gran parte de los Vaillo de Llanos, como otras muchas familias de Elche, apoyaron al archiduque Carlos de Austria, pensando en que éste era la mejor opción para defender sus intereses familiares.
No está muy clara la motivación de tal decisión pero debió de estar tomada porque entendían que el candidato austracista ayudaría a eliminar las trabas que sufrían los grandes propietarios en la comercialización de sus excedentes agrícolas. Igualmente se sospecha que influyó el pleito judicial que existía entre el Marqués de Elche y esta villa para volver a ser de propiedad real. Las familias patricias ilicitanas eran defensoras de dicho retorno y estaban en contra de los abusos señoriales del marqués. Eran tiempos de grandes cambios socioeconómicos donde se estaban sustituyendo las viejas estructuras feudales por otras modernas.
Iniciada la guerra los ejércitos de Felipe de Borbón iban tomando plazas por el sur del Reino de Valencia, primeramente fue Orihuela y en 1706 le tocó el turno a Elche. En aquel año nuestro personaje cumplió 18 años, una edad llena de ilusiones y seguramente con sed de grandes aventuras. Él sabía que para obtener un título nobiliario se podía hacer de dos maneras, o comprándolo o haciendo reales méritos y las guerras ofrecían una muy buena oportunidad para ello.
Elche estaba defendida por sus vecinos, contingentes de otras poblaciones y por un regimiento irlandés formado por 200 hombres al mando del  general Robert Killigrew. Tras un breve asedio por las tropas francesas Elche capituló y fue saqueada. Según F. Castellvi, en sus Narraciones Históricas, varios fueron los que huyeron y de entre ellos Isidro, Juan y Pedro Vaillo de Llanos.
Llegada de la reina a Barcelona

Pocos meses después se libró la batalla de Almansa donde vencieron las tropas de Felipe V. La batalla fue sangrienta y una muestra de ello fue el destino de R. Killigrew, que anteriormente había defendido las murallas de Elche.  En el fragor de la batalla un español “le cortó la mano derecha de un golpe de través de su espada, luego por idéntica herida perdió la izquierda por otro tajo infligido por uno de la guardia real. Y aunque Galloway exhortaba al hombre a retirarse del combate, no lo pudo conseguir; más aún, ya en su desesperación, cogidas las riendas con su brazo izquierdo mutilado exhortaba a los suyos con gritos” finalmente “fue añadido a los que habían sido muertos en la carnicería, al montón de cadáveres, tras haber recibido una tercera herida en la cabeza”. Es así como se conseguían los méritos para optar a las grandezas, por ello fue enterrado en la abadía de Westminster.


Según avanzaba la guerra los austracistas iban perdiendo plazas importantes como Valencia, replegándose a lugares más seguros. Nos encontramos a Juan de Llanos en la Relación de los valencianos que dexaron el Reyno de Valencia para seguir a Carlos III”.
En Barcelona tenía su residencia el pretendiente Carlos de Austria desde 1705, lugar donde anunció su boda con Isabel Cristina de Brunswick-Wolfenbüttel, una jovencísima y bella princesa alemana. Ésta viajó desde el centro de Europa a España para contraer matrimonio, desembarcando con la flota inglesa en Mataró. En la catedral de Santa María del Mar de Barcelona se celebró la fastuosa boda, tras la cual se lanzaron fuegos artificiales, hubo desfiles y donde se representó por primera vez una ópera en España. Entre los presentes a aquella boda real se encontraba el protagonista de nuestra historia a quien los recién casados le concedieron la llave capona, que es una llave “honoraria de gentilhombre de cámara del Rey, a quien se concede este honor sin ejercicio”.

Finalmente el archiduque Carlos de Austria perdió la guerra, abandonando la península en 1713, y con él un gran número de partidarios que apoyaron su causa. Seguramente don Juan abandonaría España por Barcelona rumbo a Italia, para pasar posteriormente a la corte imperial en Viena.
Carlos VI fue un rey muy agradecido y generoso con quienes le siguieron hasta el final y en prueba de su agradecimiento, en 1716, concedió el título de Conde de Torrellano a don Juan Vaillo de Llanos y Ferrer en el palacio de verano de Laxembug.  En el despacho donde se le ennoblecía, escrito en latín, se puede leer como en el momento de su nombramiento era camarero real y vemos por primera vez escrito Torrellano, refiriéndose a él como lugar “locus Torrellano”. La guerra estaba perdida y el objetivo logrado, era el momento de regresar a su patria, quizás cansado de la contienda y de la política.
Por contra otros parientes siguieron con su rey como fue el caso de su tío Isidoro Vaillo de Llanos, que tras la guerra pasó a Nápoles donde el archiduque Carlos le concedió una paga. Posteriormente testó en Viena y creó un vínculo en 1732, año en que murió exiliado. Asimismo otro Isidoro Vaillo de Llanos (pudiera ser su hermano o su primo) fue nombrado ministro en la Barcelona de 1707.
Doña Isabel Cristina

Tras la guerra los bienes de los austracistas fueron confiscados con el fin de indemnizar las pérdidas de guerra. Los bienes del mayorazgo de los Vaillo de Llanos no fueron una excepción, y así fueron administrados y arrendados primeramente por el Marqués de Laconi, y posteriormente por la Hacienda Pública.
Tras la victoria de Felipe V se firmó el tratado de paz de Viena, donde se reconocían los títulos otorgados por ambos monarcas. Juan Vaillo de Llanos regreso a Elche recuperando su patrimonio y en 1728, mediante Real Cédula, obtuvo el reconocimiento de Felipe V como Conde de Torrellano. La presentación de su nombramiento en Elche como Conde no se pudo hacer hasta 1745, un año antes de morir.
El primer Conde fue un hombre pragmático que gestionó muy bien su patrimonio pasando de tener todos sus bienes confiscados a engrandecer aún más el vínculo familiar. Disponía de numerosas propiedades urbanas y almazaras. De las rústicas de secano podemos mencionar la hacienda del Barranco del Grifo, una cañada en Saladas, la hacienda con torre de la Cañada Ancha y la Cañadita. Pero sin ninguna duda el bien más precioso que poseía eran los hilos de agua que regaban los huertos de Elche.
Tenía varios huertos como los de San Francisco, El Cipreret, o el Ort de Baix, y el Molino Real, éstos últimos integrados en el Parque de Elche. De entre todos sus huertos destacaba uno por su alto valor económico y por su representación nobiliaria y era el huerto de la Torre de los Llanos (hoy Torre de Vaillo), torre donde se encontraba esculpido el escudo de su linaje. Es curioso saber cómo de entre todas la palmeras que tenía escogía una de ellas, la llamada “Pasquala”, para que todos los dátiles que diera fueran reservados para él.

Laxemburg

Finalizada la contienda el pleito antiseñorial de la villa de Elche contra su Marqués continuó para lograr que la villa dejara de pertenecer al marquesado y pasara a patrimonio real. En 1735 vemos como la pequeña nobleza local firmó, y entre ellos Juan Vaillo de Llanos, una petición asumiendo la defensa de la villa y su libertad “ya que no es un perjuicio temporal sino irreparable, perpetuo y sucesivo”.

Torre de los Llanos

En 1724 se casó con doña Clara Ortiz de Almodóvar y Beaumont y Navarra, teniendo tres hijos, Mariana, Francisca y Carlos, éste último será el segundo conde de Torrellano. Su mujer era 19 años más joven que él y provenía de una ilustre familia, muriendo a los 31 años.
Pocos días antes de morir don Juan Vaillo de Llanos, ya postrado en la cama con 58 años, testo dejando a sus herederos  uno de los más importantes vínculos del municipio, pero  también acordándose de sus criados más cercanos. Tras su fallecimiento se inventarió detalladamente todo su patrimonio y puedo decir que era impresionante.
Y estas han sido unas breves notas sobre la intensa vida de aquel primer Conde de Torrellano, un hombre que se involucró decididamente en la guerra de sucesión, de la que finalmente salió bien parado gracias a su pragmatismo, y que con el paso del tiempo dio nombre a nuestra partida.
Juan Francisco Mollá


Publicado en el Llibret de Festes de 2016


Isidoro Llanos








viernes, 11 de marzo de 2016

Torre del Carabassí (II Parte)

Continuando en el tiempo, a lo largo del siglo XIX se escriben varios libros que nos indican que la distancia entre la torre de Agua Amarga y la del Carabassí era de una legua (4.190 metros) y que la distancia entre la torre del Atalayola y la del Carabassí era de media legua (2.095 metros), esto nos llevaría a colocarla por el norte poco antes de la Torre de la Senieta y si la colocamos por el sur estaría entre la ermita de Nuestra Señora del Rosario y el Clot de Galvany.

Esto sucede porque según estos autores entre la torre de Agua Amarga y la Atalayola hay legua y media cuando en realidad hay más de dos leguas y media.


1888

En cuando a la desaparición de la Torre del Carabassí se podría datar entre 1820 y 1832. En el Archivo Histórico de Elche existe un documento donde consta la paga a los empleados de las torres, entre ellas la del Carabassí, y que Pedro Ibarra lo data en 1820. En cuanto a su desaparición puede deducirse del libro Derrotero de las costas de España en el Mediterráneo[1] de Vicente Tofiño del año 1787, donde la menciona y como en la versión de 1832 ya nos dice que estaba arruinada. En en informe de ingeniero Aguado de 1870 nos dice que los restos de la torre no permitían deducir si era de planta cuadrada o circular pero que los vecinos de la zona la recordaban circular, con lo cual no harían muchas décadas desde su desaparición.

Poco espacio de tiempo entre 1820 y 1832 para su desaparición total (salvo terremotos), quizás una posible explicación a esta cuestión sería que hubieran dos torres del Carabassí, una construida durante el siglo XVI y otra durante el siglo XIX (o más bien diría cuartelillo confundido con la Torre de la Senieta), en lugares distintos, con distintos objetivos, la primera torre para evitar los corsarios berberiscos y el cuartelillo para evitar los contrabandistas (situado en la playa del El Altet). Eso podría explicar que en algunos mapas del siglo XIX apareciera una torre de más. (Ver el sorprendente posicionamiento geográfico que se hizo en 1818 explicado en la anterior entrada)
1820





Durante este siglo XIX se realizan dos mapas que nos pueden ayudar, uno es el que se hizo en 1852 por Pascual Madoz publicado en el Diccionario Geográfico-estadístico-histórico de España. En él aparece la torre del Carabassí, si superponemos la imagen del mapa haciendo coincidir ciertos lugares con una imagen satélite tenemos que la torre pudiera ser que recayera donde están hoy en día los depósitos de agua potable de Arenales del Sol, el lugar más alto después de la Sierra de Santa Pola. Esto coincidiría con descripciones como “Su situación en una altura dominante á las inmediaciones” o “Se halla en lo alto del montecito de su nombre”. Sin embargo tenemos la mala suerte que desde este punto es IMPOSIBLE ver el faro de Santa Pola, por lo que debemos de descartarlo.




Este lugar daba mucho mas juego de visibilidad al cubrir la salida al mar del Clot de Galvañ, que era un punto muerto de la torre de la Atalayola. También daba más juego para poder comunicarse con otras torres como la de Lo i Brisó o la Senieta que están en una cota muy baja y tras la barrera de sierras que las separa de la costa, no teniendo éstas visibilidad del mar o con otras torres.

El otro mapa es de 1897, el más preciso de todos, no aparece la torre del Carabassí, pero si lo hace el cuartel del Carabineros. Releyendo el informe que realizo Aguado en 1870 podemos saber que las tierras colindantes a las torres se cedieron al cuerpo de Carabineros y en ellas se construyeron edificaciones destinadas a evitar el contrabando. Si superponemos el mapa con una imagen de satélite vemos que el mapa es muy preciso y el cuartel estaba construido en lo alto de la sierra, donde están hoy en día los depósitos de agua. En dicho informe de 1870 nos dice que “La redonda de la torre se extiende bastante por la parte del Norte y por el Sur, Este y Oeste hasta el mar y hasta las vertientes de un barranco que está contiguo” refiriéndose seguramente al Clot de Galvañ.

1897

Lo cierto que es que a lo largo de tiempo los acuartelamientos de Carabineros se iban posicionando donde estaban las antiguas torres vigías, tenemos el caso de Agua Amarga, Atalayola (bajo del faro, en la costa), Tamarit o Pinet.

Lo que si sabemos es que el cuartel del Carabassí tal cual se conoció fue construido en 1887, y lo que antes existía podrían ser construcciones más precarias como las casetas que menciona Aguado. En cualquier caso puede que se emplearan los restos de la torre para la construcción del cuartel ante la escasez de materiales que había en la época.

1887
Siguiendo nuestro periplo por el tiempo llegamos a la primera imagen aérea del lugar que se produce en el año 1929. En ella se pueden ver varias construcciones y algunas marcas en el terreno, como se puede ver en la fotografía aérea:

1929


A).- Cuartel de Carabineros.
B).- Pienso que este es uno de los lugar mas probables de la Torre del Carabassí, son construcciones que se llaman de varias maneras: el Pozo de Sarriá 1852, Casa del Pájaro 1888, Casa de la Higuera 1897, y que encuentro el lugar muy poco acogedor para una casa rural, muy abandonado el paraje. 
1945
La clave podría estar en saber lo que se puede ver desde el Faro de Santa Pola, dejando poca opción para el Cuartel de Carabineros siendo el lugar más indicado el que marca la flecha.




C).- Podrían ser las cuadras o marraneras.
D).- Parece como unos corrales para ganado hecha de palmas u otra vegetación.
E).-  Posible lugar donde se han extraído bloques de piedra.



F).- Balsa.
G).- Acequia que recoge las aguas de la sierra para llevarlas a la balsa.

H).- Margen de piedra.
I).- Parece un montón de piedras, pero al ser redondeado este montón parece que sea la base de la torre, pero el lugar no da opción para la visión con las restantes torres. El tamaño si que correspondería a la base de la torre de Escaletes.

Llegado a este punto me quedo como empecé: no sabiendo donde estaba la torre del Carabassí y me temo que nunca se sabrá. 


Tengo otra duda ¿de dónde proviene el topónimo Carabassí? De calabacín?
Otra afección de la palabra es: Vas rodó d'aram, d'un pam i mig de diàmetre, que serveix en les almàsseres per passar l'oli de la campana a l'alfàbia.
Lo encuentro extraño para el lugar.
Lo que está claro es que el nombre que se le da al lugar actualmente de Arenales de Sol fue una invención turística. La playa se llamaba playa del Carabassí y en los mapas del siglo XIX playa del saladar, ni siquiera la playa del Altet se llamaba así. El siglo XX lo cambió todo, incluida la fisonomía, pues recordemos que el lugar era un lugar inhóspito, misterioso y que daba miedo por lo deshabitado que estaba. 

1876


[1] Derrotero de las costas de España en el Mediterráneo, Vicente Tofiño, 1787

Desde el Cabo del Algibe gira la Costa de poca altura al N. alguna cosa para el N O. donde principia á ser Playa; pero antes está la Torre de Vigía nombrada Calabacina. La Playa expresada sigue para el N. hasta la Ciudad de Alicante…


ENLACES DE INTERÉS:



sábado, 27 de febrero de 2016

La Torre del Carabassí (I parte)

Antes de comenzar a leer quiera advertirte que la presente entrada y su continuación no va a resolver la duda que se plantean en ellas, es decir: ¿dónde estaba la torre del Carabassí?, pues no lo sé, pero podemos tomarlo como un juego detectivesco.

El problema era muy grave, la flota berberisca hostigaba la costa valenciana y la presión corsaria era temida por la población. Dejando de lado el problema económico del asalto de naves y el robo de mercancías, la cuestión humana era dramática, las naves argelinas desembarcaban en la costa y secuestraban a los vecinos, a los ricos para pedir a sus familias un rescate y los pobres acababan esclavizados como remeros en sus naves, … corrían los siglos XVI y XVII. 























Los Consejos municipales y la Corona tuvieron que tomar medidas para intentar evitar en lo posible los saqueos y la esclavitud, decidiéndose construir una serie de torres vigías en la costa. En el término de Elche se mencionan cinco torres: Carabassí, Atalayola, Escaletes, Tamarit y Pinet.
1812

De todas estas torres sólo hay una de la que no se sabe su ubicación exacta y lo que pretende el presente artículo es aportar información al respecto para que el lector haga una composición de lugares. 

En cuanto a su nombre aparece como torre de Carabassí (Ortelius 1584), siendo éste el nombre más común y extendido en la documentación, también en sus distintas formas Carabaci, Carabaçi o Carabazi. Igualmente podemos encontrarla escrita como Caravan en la traza de los límites del Reino de Valencia que hizo Jerónimo Muñoz en el año 1568, Calabacina en un mapa de 1619, Carabauna en el mapa de Dufour de 1846, o Calabaza en el de 1888. Finalizada la entrada encontraras varios mapas de la zona. 

Se encontraba entre la torre de Aguamarga y la torre de Atalayola, actual faro. Podemos presumir de que fue construida a raíz del plan de defensa que inició el duque de Maqueda el año 1554, siendo mencionada por primera vez en el informe de Juan Baptista Antonelli del año 1563 y el primer mapa el de 1584.

Torre de Escaletes 













José Luis Menéndez Fueyo, arqueólogo y técnico del MARQ, toda una autoridad en el tema de las torres vigías que bordean la costa mediterránea española, es uno de los pocos que ha escrito sobre este asunto. En sus estudios menciona dos importantes informes, el primero es el que hizo Pedro Navas en el año 1787[1], y segundo el de Joaquín Aguado de 1870[2] (la cesión de las tierras colindantes de las torres por el Cuerpo de Carabineros), de obligada lectura para intentar averiguar la posición de la torre. En ambos coinciden en indicar que la torre se encontraría aproximadamente unos cien metros de la orilla, era de planta circular y junto a ella existía un aljub[3].

También muy destacable el trabajo de Oscar Lerma:

También nos ayuda a posicionar la torre lo que se escribió en varios libros del siglo XIX y ponemos los ejemplos del Diccionario Geográfico Estadístico de España[4], de 1828, donde se dice que sobre la sierra de Colmenares se encuentra la torre de Agua Amarga que dista de la torre del Carabassí una legua.

Pero para exactitud en su ubicación tenemos la que se hace en la obra de Francisco Pomares titulada Index generalis alphabeticus monimun civitatum, pagorum … de 1818, donde nos marca su posición exacta mediante su longitud y latitud. Así tenemos Longitud 17 grados, 6 minutos, y Latitud 38 grados, 16 minutos.

¡Resuelto el enigma!, tan solo hay que buscar en Google Earth donde estaba la torre.  

La sorpresa con que nos encontramos es que ese posicionamiento lo ocupa una torre, pero no la que buscamos, sino la de la Senieta. Para colmo el posicionamiento es prácticamente coincidente por lo indicado en los mencionados libros e informes, pues la torre de la Senieta se encuentra a poco más de una legua de la torre de Aguamarga, 4.700 metros, (la legua son 4.190 metros), o los diez kilómetros que nos dice Aguado que distaba de Alicante que nos lleva a las primeras edificaciones de Arenales del Sol.

¿Puede que la torre de la Senieta sea la torre del Carabasí?.
Descartado. La torre de la Senieta no se puede utilizar como torre vigía pues no tiene visión del mar al estar prácticamente a su nivel, pero también tras una serie de sierras más altas. La otra posibilidad que tenemos son unos restos constructivos que se encuentran en un cerro muy cercano. 

Pero ese lugar tiene muchos peros:
-A simple vista los restos que allí se encuentran no parecen que sean de una torre circular.
-Según Vespasiano Gonzaga, en su libro Ordinacions tocants a la custodia y guarda de la costa marítima del Regne de Valencia”[5] de 1673, la torre del Carabaci tenía dos atalladors que debían de ir uno a poniente y otro a levante, éste último tenía “la obligació de anar fins al puesto del Molló, y allí dar-se la ma ab lo Atallador que exirá de la Caseta de la T. del A. Amarga, ahon deu esperar-se fins que es descobra clara la mar, y se´n tornará a dita torre”. No tiene sentido que se envie a un guardacostas desde ese lugar hacia Alicante para llegar en breve tiempo y a pocos metros al mojón divisorio de los términos, esperar al otro guardacostas, ver que estaba todo libre y volver a la torre que supuestamente se situaba a muy corta distancia.
- P. Navas nos dice que se encontraba “en una altura dominante á las inmediaciones” y lo que se publico en el Diccionario Geográfico Estadistico de España nos indica que “se halla en lo alto del montecito de su nombre”, por todo eso podemos pensar que no se trata del lugar pues el cerro no tiene la suficiente altura para dominar el territorio.
Descartando que fuera un error de Francisco Pomares pues en lo referente al resto de lugares los posiciona correctamente ¿a qué puede deberse la confusión de lugares?
Pienso que es lógico pensar que allí, muy cerca del mojón, donde se encontraban los guardacostas para darse la mano, se construyera con los años una estancia o caseta de soporte, o lo que es más probable que durante el siglo XIX se construyera un puesto para que los carabineros evitasen el desembarco de contrabandistas.

Para finalizar esta primera entrada comentar que hay un hecho un tanto inquietante y es que en varios mapas, (donde mejor se puede observar es en el de 1812), se nos muestra una torre más de las que siempre se han documentado, nos muestran como está la torre de Escaletes, la torre de la Atalayola, la torre del Aljibe (que la diferencia de la Atalayola), y la torre del Carabassí (que la situa aproximadamente donde está la Senieta) y finalmente la de Agua Amarga. Se duplica la torre de la Atalayola y la torre del Aljibe. Creo que es un error que fue arrastrándose de mapa en mapa y que puede esté motivado por la existencia de que la torre de la Senieta estuviera muy pegada a la costa, en la parte norte de la del Carabassí y en el lugar del Carabassí pusieron la del Aljibe, que no es otra que la Atalayola.



[1] Informe de Pedro Navas de 1787: 
Torre Calabazín
Dista de la antecedente una Legua y corresponde esta Torre a la Jurisdición de Elche de donde dista largas dos leguas, es referida Torre de figura circular está en buen estado aunque necesita de algunos reparos. Su situación en una altura dominante á las inmediaciones, para su defensa tiene un Cañon de fierro del Calibre de a 4, el que se considera estar inútil, montado en una buena Cureña, con un Juego de Armas completo, de Cuchara, Atacador, Lanada y Sacatrapos, un Botafuego, tres Cuñas de mira, y descanso, un Cañon, un Chifle, un Juego de Aujas, una Plomada, un Cubichete, 4 Espeques, un mazo de mechas, un Guardafuego, 36 Balas del calibre de a 4 y 11 del de a 2. Granadas de vidrio 4, Fusiles 6, 36 Balas para estos, Polvora en un saco, y Barril 66 Libras y 11 papeles de á media, Chuzos de Mosquetes con sus 4 orquillas y 10 Balas para estos, y una media de a Libra de Oja de Lata.
La Guarnición de esta Torre consiste en 4 Torreros, dos de á pie y dos de acaballo, estos para pasar los Pliegos con el salario anual de 60 ps y aquellos para la asistencia de la Torre con 30 ps. No tienen obligación de estar efectivos mas que uno de cada especie, los que se mudan semanalmente cuya noticia dieron Andres Botella y Josef Sevilla Torreros.
Distará esta Torre de la orilla y nivel del Mar pasantes de 300 pies por lo que se advierte la poca defensa con el Cañon para evitar un desembarco, y por lo mismo se considera seria util hacer alguna Bateria, ú defensa entre esta y la anterior de modo que quando menos se alcanzaran fuegos para evitar un desembarco en tpo de Guerra en el que se considera debe tener de guarnición la expresada Torre a lo menos un Cavo, y 6 Soldados, con 2 Artilleros á mas de los Torreros.
Queda dho necesitarse algunos repartos que se consideran precisos con su esplanada, Parapeto, Escalera, Interior (pues tiene su entrada al piso del Torrero) Puertas, revocado exterior y otros.
Existe en esta Torre una porción de Yerro de Cureñas.

[2] Informe miliar de Joaquín Aguado de 1870, tratando la cesión los terrenos de las torres por el cuerpo de Carabineros:
“Esta torre se halla situada a unos 10 kilómetros de Alicante hacia la parte de poniente y a un kilómetro del camino de Alicante a Santa Pola y sobre un extremo Sureste de una altura de fácil acceso de unos 80 metros sobre el nivel del mar. 
Sólo se encuentra un montón de escombros, no pudiéndose saber ni aún que figura hubo en la torre, pero por los datos de la gente antigua de los cortijos más próximos se sabe fue circular. Al lado de donde estuvo esta torre se conserva un algibe, que aunque bastante deteriorado, lo aprovechan los carabineros del puesto residentes en una casilla que al lado se ha hecho, que se ve marcada en el croquis. 
La redonda de la torre se extiende bastante por la parte del Norte y por el Sur, Este y Oeste hasta el mar y hasta las vertientes de un barranco que está contiguo. Esta redonda tiene unos 100 tabullas, o sea 108.050,60 metros cuadrados de tierra de labor. 
Los productos del terreno de la redonda los disfruta el Cuerpo de Carabineros al cual se le hizo entrega por el de Ingenieros en 31 de Diciembre de 1850 en virtud de la Real Orden de 1º de Octubre de 1849, apreciando el valor de este terreno a razón de 8 escudos la tabulla, lo que da para él un valor total de 800 escudos, todo lo cual consta en expediente en esta Comandancia. 
28 de Marzo de 1870 
El Capitán Teniente de Ingenieros 
Joaquín Aguado”


[3] José Luis Menéndez Fueyo: “La red de torres para la defensa del litoral costero en la provincia de Alicante durante el siglo XVI: una propuesta de evolución cronotipológica”. 

[4] Diccionario Geográfico Estadistico de España, de Sebastián de Miñano, 1828: “La Torre de Aguamarga. Está sita sobre el montecillo de los Comenares, es de figura circular, y dista 1 legua de la de Carabasí, en cuyo intermedio solo hay ¼ de legua de playa abierta, de peña, el resto es de arena. La Torre del Carabasí. Se halla en lo alto del montecito de su nombre, I00 varas sobre el nivel del mar, y es de figura circular. Dista de la Atalayola 1 hora de camino en cuyo espacio se encuentra primero la cala de las Rejas, capaz de un buque grande, segundo la de la Alamadrava capaz de otros pequeños, tercero la de Antón Ruiz ó la de Aljaba, y debajo de la Atalayola está la Cala Roja, capa de un buque grande”.

[5] “Ordinacions tocants a la custodia y guarda de la costa marítima del Regne de Valencia”, 1673, Vespasiano Gonzaga:

-Nos dice de la torre de Agua Amarga que saldrán tres caballos, de ellos:
“de allí panar de a la Torre de Aygua Amarga pujant per la senda de dita Torre, y pasar fins al Saladar, fins un puesto dit lo Pastell, y de allí se´n ha de tornar. Lo altre cavall, que solia aixir a mitja nit tendrá obligació de aci en avant de aplegar fins al Molló ahon partixen lo terme de Alacant, y Elig, cuan se feya antiguament, pera lo cual tendrá la Estancia en la caseta, ó cortijo, que está al peu de la Torre de Aygua amarga, partint de lli pera encontrar-se en dit molló ab lo Atallador de la Torre dar-se lo según lo hu al altre, y apres se´n tornará a sa Estancia, y a dar-lo a la Torre”

-“T. del Carabaci, te dos Atalladors, ab obligació de fer tots los matins sus atalls, lo hu devés llevant, lo altre a ponent, el que exirá a la part de llevant tidrá obligació de amar fins al puesto del Molló, y allí dar-se la ma ab lo Atallador, que exirá de la Caseta de la T. de A. Amarga, ahon deu esperar-se fins que se descubra clara la mar, y se´n tornará a dita Torre. Lo que anirá desves ponent fará son atall fins encontrar-se ab lo Atallador del Castell de S. Pola, que será davant la Torre de Talayola, esperant-se lo hu al altre pera dar-se el segur, y tornar-se´n a la Torre a dornar- lo”.

1584


1696


1720 Sorprendentemente aparece DELPOK que no se a que lugar se puede corresponder 



1720




1762 Archivo de Simancas




1775





1788 Aparece una torre más (Algibe - Atalayola)



1812



1846 Torre Calabauna

Se comete el error de llamar la Torre del Carabassí como Pinet:





martes, 22 de diciembre de 2015

Los lances del Portichuelo

Tras el pronunciamiento liberal de 1820 comienza una nueva era de constitucionalismo en España, jurando Fernando VII a regañadiente la constitución de 1811.
Mientras tanto las potencias extranjeras ganadoras tras la guerras napoleónicas negociaron un nuevo orden internacional, donde vieron la necesidad de apoyarse entre sí ante el peligro que suponía el liberalismo, creando para ello la Santa Alianza.
En 1823 Fernando VII solicitó su ayuda para restablecer el absolutismo y en su apoyo se envió a los Cien mil hijos de San Luis, un gran y curtido ejercito francés dispuesto a ello. 
Comenzó así una cruenta guerra entre los liberalistas partidarios de la constitución y los realistas partidarios del absolutismo.
Los Cien Mil hijos de San Luis entraron en España apoyando a los realistas, oponiendo fuerte resistencia los liberales, pero conforme avanzaba el conflicto éstos últimos iban perdiendo posiciones y se fueron replegando hasta Cádiz, con el rey como rehén. Cádiz era una ciudad emblemática pues durante la guerra de la independencia fue la única que no fue conquistada por Napoleón. 
Los Cien Mil hijos de San Luis


Antes de que la ciudad de Valencia cayera en manos del ejercito francés su Milicia Nacional la abandonó con la consigna de defender Alicante, que era otra de las emblemáticas ciudades de liberalismo, quizás por su intensa vida comercial, al contrario que el resto de poblaciones de la provincia mas decantadas por la causa realista.
Pasaban los meses y el devenir de la guerra seguía sin ser favorable a los constitucionalistas y a mediados de julio de 1823 los realistas posicionados en Elche intentan crean un bloqueo sobre Alicante. No dudan en registrar todas las casas de campo de las partidas de Torrellano y El Altet, tomando todas las armas que allí se encontraban y prohibiendo a sus vecinos que entregasen o vendieran todo tipo de víveres a los sitiados, con la amenaza de las penas mas severas. Para dejar clara su intención varias partidas de soldados realistas recorrían regularmente dichas partidas imponiendo el miedo y el robo, como recogió la prensa “los facciosos robaron el 15 otro ganado en el partido llamado El Altet”  o como el 17 “en santa pola han robado a un labrador y arruinado su casa, llevándosele un ganado y las mulas de labranza”.
Ese mismo día 17 se informa de que en el ventorrillo de Torrellano se despliegan a 12 lanceros realistas, y como ya se encuentran 600 soldados en Elche.
La táctica de ambos contendientes era sencilla: rápidas salidas militares para hostigar al enemigo y vuelta a posiciones seguras. Aquello comenzó a parecer una correría de tropas entre Alicante y el resto de villas que la rodeaban en un tanteo de fuerzas.
Eso es lo que ocurrió el día 19 de julio, de Alicante salió una columna compuesta por 200 infantes y 12 caballos y se situó en lo alto del Portichol. La caballería bajó hasta el ventorrillo de Torrellano para hacer un reconocimiento pero al llegar hasta él fuero atacados por 16 lanceros realistas. Sorprendida la caballería por el ataque intentó subir hasta lo alto de la sierra, momento que se produjo una escaramuza. La infantería hizo fuego contra los lanceros matando a un caballo, siendo herido su jinete. Un jinete de la caballería liberal, al replegarse precipitadamente, cayó al suelo y fue hecho prisionero.
Al día siguiente volvió a ver otra correría. Unas partidas de  absolutistas llegan hasta el Barranco de las Ovejas, pero al salirle al paso las tropas del coronel Antonio Fernández de Bazán “se replegan los facciosos hacia el Portichuelo, donde una columna de infantería y caballería de ellos ocupaban las alturas sin esperar la batalla”. Una columna más sale de Alicante al mando de su gobernador Irribarren y al verlos los franceses se retiran siendo perseguidos hasta el aljibe de la legua. Finalmente los liberales optan por volver a la capital al no buscar batalla los absolutistas. Por la tarde de ese mismo día “volvieron los enemigos a situar una gran guardia en el Portichuelo”.
A principios de agosto llegan a Alicante por tierra la Milicia de Valencia, provenientes de Cartagena, escoltada por mar por siete faluchos y una polacra, al mando del intrépido y joven Joaquín de Pablo y Antón, alias “Chapalangarra”, nombrando comandante general de la provincia.
Los ataques, contraataques y repliegues no cesaban por ambos contendientes. Pero el día 16 de septiembre de 1823 se dio un importante golpe. De la villa de Elche salió la tropa francesa en una maniobra táctica dejando en la villa tropa realista nacional. Es el momento que aprovecha el comandante general De Pablos para enviar una columna compuesta por 2.500 infantes y 100 caballos. Entró en Elche por el camino de la ermita de San Antón y allí es cuando comienzan a enfrentarse a los realistas con dureza, incluso con atraques a la bayoneta, y al frente Chapalangarra con el grito de “!viva la constitución!”. Continuaron su entrada al pueblo donde eran atacados desde los tejados y ventanas de las casas, dejando atrás muertos en las calles logrando llegar al puente que une las dos orillas del rio y que es el camino de Orihuela a Valencia. Les fue imposible cruzarlo pues eran constantemente atacados por la artillería que disparaba a metralla, así que se decidió que un batallón cruzara el Vinalopó por la izquierda y ocupara el Arrabal.  

Chapalangarra


Una vez tomada la barriada los realistas abandonaron la artillería que impedía el paso por el puente, ocasión que aprovechó Chapalangarra para lanzar su caballería y “la dispersión se hizo entonces general, huyendo cobardemente, arrojando, para correr más, fusiles y cartucheras, y salvandose en la sierra”.
La perdida del enemigo fue de 60 muertos, pero el verdadero golpe fue el psicológico pues con el ataque se tomó por poco tiempo Elche, permitiendo a los liberales que se apoderasen de alimentos y material militar.
Se organizó un convoy de regreso a Alicante compuesto de 50 prisioneros, varias piezas de artillería, con sus tiros y municiones, 68 carros de trigo, 50 piezas de paño, 600 pantalones cortados, 100 fusiles, sables y cartucheras. A su entrada se escribió la siguiente crónica: “!Honor y gloria á las valientes tropas y gefes, que han sabido en quince horas, andar diez leguas pelear y triunfar!. Los libres son capaces de tanta heroicidad: para los esclavos solo hay afrenta y vilipendio”.
Sin embargo el devenir de la guerra fue demoledor para los constitucionalistas. Se fueron perdiendo importantes posiciones y finalmente se rindió la emblemática Cádiz, siendo liberado Fernando VII por los franceses el 1 de octubre.
A Alicante no le quedó mas remedio que capitular ante el comandante Vicent Foullon de Doué, y la Milicia Valenciana fue de “los últimos que en cumplimiento de nuestro juramento batallábamos en España”.
Chapalangarra huyó por mar a Gibraltar donde siguió su intensa actividad política y militar lo que le costó finalmente la vida en 1830 al entrar en España por Navarra para preparar un intento de sublevación.
Los milicianos se desarmaron y regresaron a sus hogares en Valencia, escoltados por el Regimiento número 4 francés, se les garantizó su condición de militares y un pasaporte, pero fueron represaliados y su bandera coronela fue condenada al destierro en la isla de Tabarca. Finalmente pudieron “abrazar á los padres, esposas é hijos” y 1834 fue entregada de nuevo la bandera a la valiente Milicia Valenciana.
Las ironías del destino llevaron a que Fernando VII no tuviera hijos varones y promulgara la Ley Sálica. Ello permitió reinar a su hija en perjuicio de su hermano, el infante don Carlos. Tras la muerte del monarca su esposa María Cristina se apoyó en los liberales para poder asegurar el trono de la futura Isabel II y esto dio un giro histórico a España, asegurando una monarquía constitucional y el fin definitivo del absolutismo.

Publicado en El Crisol


miércoles, 5 de agosto de 2015

Ciprés centenario

Artículo sobre el ciprés centenario existente en Torrellano. Raúl Agulló.

http://www.campdelx.es/el-cipres-bicentenario-de-torrellano-elx/

domingo, 2 de agosto de 2015

Lo i Quiles

Gracias a Raúl Agulló tenemos un nuevo artículo dedicado a Lo i Quiles, una de casas mas importantes de Torrellano. Espero que sea de todos interés.



viernes, 12 de diciembre de 2014

El soldado Segarra


A lo largo de este año se ha conmemorando en centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial. Todo comenzó con el asesinato, a manos de un joven nacionalista serbio, del archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa, el día 28 de junio de 1914. A partir de ese momento se sucedieron una serie de declaraciones de guerra entre los distintos países que formaban las dos alianzas en que se dividía Europa, por un lado Alemania, Austria y Turquía y por otro Francia, Reino Unido y Rusia. 
En un principio los contendientes pensaron que la guerra sería corta, basada en el avance de la infantería. Pero las nuevas armas automáticas, la potente artillería y las armas químicas, todas ellas nacidas en el seno de la revolución industrial, obligaron a replantear la guerra. Los soldados no podían avanzar ni luchar contra aquel destructivo armamento, así que se vieron obligados a excavar profundas trincheras para guarecerse.
Así es como comenzó un nuevo tipo de guerra de desgaste, donde para conquistar unos pocos metros de terreno era necesario el ingente sacrificio de jóvenes soldados, donde lo importante era hacer retroceder al enemigo a cualquier coste humano. Como máximo exponente de ello fue la batalla de Verdún, también conocida como la máquina picadora de carne,  en ella cientos de miles de soldados de ambos bandos fueron enviados a un continuo y estéril avance hacia el enemigo, hasta ver quien quedaba totalmente extenuado. 

Voluntarios españoles en la Gran Guerra

España quedó al margen de la contienda, declarándose neutral, de esta neutralidad sacó provecho económico al proveer todo tipo de materias primas a los contendientes. No obstante la sociedad española se encontraba dividida entre germanófilos y francófilos.
Muchos fueron los voluntarios españoles que se alistaron en la Legión Extranjera para defender a Francia. Uno de estos fue un joven torrellanense llamado José Segarra Méndez. Se sabe muy poco de él, se conoce que estuvo en el frente todo el tiempo que duró guerra y que fue herido en cinco ocasiones, tres de gravedad y dos levemente. En reconocimiento a los actos heroicos que realizó en el campo de batalla fue condecorado con la Croix de Guerre y con L’Insigne des Blessés. Tras su vuelta a España realizó el servicio militar en nuestro país, concretamente en el arma de artillería.
En 1921, en Alicante, se celebraron diversos actos conmemorativos del tercer aniversario de la firma del armisticio que puso fin a la Gran Guerra. Consistieron en una solemne misa en la concatedral del San Nicolás, en honor a los soldados que murieron en dicha guerra, y donde se cantaron diversos himnos como “Hymne aux morts” o el “Requiem”. 


Posteriormente se celebró un banquete en el Club de Regatas donde asistieron el Cónsul de Francia, el Vice-Cónsul de Bélgica, el Cónsul de los Estados Unidos, la comunidad francesa en Alicante, diversos españoles francófilos y representantes de la prensa. Especialmente invitado a la conmemoración estuvo José Segarra, en representación de todos los voluntarios españoles que participaron en la contienda para defender a Francia.
Nuestro condecorado convecino se sentó en la mesa de honor, donde se pronunciaron diversos discursos ensalzando la abnegación y el sacrificio de todos los aliados, de los legionarios y, en particular, del valiente comportamiento del condecorado Segarra. Finalmente se realizaron diversos brindis y sonaron los himnos de la Marsellesa y la Marcha Real.  La conmemoración duro hasta las dos de la madrugada.
La verdad es que viendo como discurrió aquella sangrienta guerra, fue un verdadero milagro que aquel torrellanense volviera sano y salvo de aquellos campos de batalla.